Gruyere de Lacan

En algunas reuniones sociales a veces me encuentro en el aprieto de tener que explicar esto o aquello de Lacan. Suelo escapar por la tangente, por la autopista más rápida y práctica: digo que leo Freud, Lacan, Miller, Zizek y a las lacanianas feministas pero que no soy psicoanalista: Un psicoanalista “te-lo-explicaría-mejor”. Santo remedio…a veces. Muchas otras no funciona y, en algunos casos, es peor: Como estoy “afuera” puedo tener una visión “más global”. El plan B es recabar ayuda a algún psicoanalista que, copa de tinto en mano, casi siempre estará escuchando -“gratuitamente”- las neurosis de algún contertulio. El Plan B opera, claro está, como un doble rescate: Una mano ayuda a la otra. Si no puedo activar el plan B queda, por último, la estrategia del gruyere: Voy a la mesa de quesos, tomo uno y le muestro a mi interlocutor/a el cubito: ¿Ves este gruyere? Sí ¿Qué lo define? Los agujeritos. Eso es Lacan: La falta. Lo que define a los sujetos, como al gruyere, es lo que les falta. ¿Cuál es tu deseo de estos días? Que no me trasladen en mi trabajo y que me aumenten el sueldo. Bueno, ya entendiste a Lacan y la metonimia del deseo, lo demás son detalles. Engorrosos, difíciles y complicados detalles literarios.  

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