El psicoanalista que cazaba mariposas

Tres suelen ser las preocupaciones que inquietan a los psicoanalistas: 1) intentar refritar a Lacan sin que se note, 2) intentar aumentar la “tarifa” sin que se note, y 3) intentar cazar mariposas sin que ellas lo noten. Las dos primeras son preocupaciones archiconocidas y forman parte del folklore académico y social y también de las bromas y chanzas que los psicoanalistas soportan estoicamente. La última, sin embargo, es una inquietud más solapada y de la que poco se habla.

Y es que, según parece, a nuestros psicoanalistas les encanta cazar mariposas. Veamos.

He observado con cierta preocupación que apenas hubo reacción por parte de los psicoanalistas en relación a la creación, el pasado martes, de la Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias a través de un autoritario DNU. Es bien sabido cuál es el sentido profundo de esta iniciativa: 1) Achicar los costos en relación a la judicialización sanitaria (restringiendo en gran medida el derecho a la salud); 2) crear protocolos en relación a la aplicación de ciertas tecnologías y medicamentos usándose solo aquellos que tengan “probada eficacia” (léase los producidos por “ciertos” laboratorios y empresas) y, 3) crear un organismo paralelo a la ANMAT pero con funciones mucho más importantes. Para ser gráfico: la ANMAT dice: “Los medicamentos A, B, C y D están aprobados”, mientras que la Agencia dirá: “Solo el medicamento B es de ‘probada eficacia’, firme aquí para mostrar su conformidad para que se lo apliquemos”.

Pero ¿Dónde están las mariposas?

En trazo grueso, ese es el proyecto. Sin embargo, en bambalinas, la “rosca” entre gobierno, laboratorios y la burocracia sindical intervinientes en el proyecto cocina otra cosa: incrementar beneficios mutuos en desmedro de la salud de los pacientes. Se trata de evitar los juicios por mala praxis y reducir al mínimo el menú de opciones de medicación y tratamientos en las Obras Sociales. A fuer de ser sinceros, se trata de imponer un “menú fijo” a través de una “canasta básica de servicios”. Eso, lógicamente, redundaría en mayor “caja” para los burócratas sindicales y esa es, precisamente, la zanahoria que les fue presentada en bandeja por los laboratorios y el gobierno.

Pero ¿Dónde están las mariposas?

Los psicólogos quizás piensen que semejante tecnicismo ministerial poco tiene que ver con ellos. Pero tanto la experiencia internacional con respecto a las Agencias de Evaluación (el proyecto argentino es una copia de ellas), como la posición de los laboratorios, los lobbies académicos de las neurociencias (directamente vinculados a los laboratorios) y ciertas escuelas de “terapias-cortas-pero-efectivas”, todo ello desmiente rotundamente tan ingenua idea.

Pero ¿Dónde están las mariposas?

Los cañones de las Agencias de Evaluación apuntan, no ya a una masa genérica de psicoanalistas como fue el caso de las refriegas de los 80 y 90 (pastilleo vs psicoterapias). No. Hoy los cañones tienen laser y apuntan directamente al corazón: Las Agencias de Evaluación van directamente de los medicamentos a las prácticas y de las prácticas a las disciplinas. Y no hace falta decirlo: el psicoanálisis es homologado, por los laboratorios, al chamanismo o al tarot. Y es que cualquiera puede ver, por ejemplo, las batallas campales que se producen actualmente en torno a los Protocolos para el manejo del TDAH o el autismo en Cataluña (donde algunas entidades recogen firmas para eliminar las terapias psicodinámicas) o los proyectos para la venta de datos sanitarios (el apetecible big data sanitario) a empresas, laboratorios y centros de investigación (por ejemplo, proyecto VISC+). En todos esos procesos los psicoanalistas tienen, lógicamente, algo que decir y, por supuesto, participar y levantar la voz.

Según mi humilde opinión, si algún prestigio ha ganado el psicoanálisis, es por aquellos pocos profesionales que han hecho de la transversalidad de enfoques, la multidisciplinariedad de prácticas y la gratuidad hospitalaria una herramienta cotidiana de trabajo comunitario, más allá de la práctica pequeño-burguesa de la consulta individual. Eso es lo que está en peligro de perderse con el intento de convertir a los profesionales de psicología en simples paseadores de caniches de Pavlov, esos caniches “cortos-pero-efectivos”.  Porque de eso se trata esta historia.

Pero ¿Dónde están las mariposas?

Sería bueno que los psicoanalistas sepan que, en los tiempos que corren, cazar mariposas puede ser un apasionante pasatiempo y que no está mal que lo practiquen… a veces. Solo a veces.

 

N. Patricio Reyes Caldarone. 

Sobre el actual debate del autismo en Cataluña y la polémica sobre la práctica psicoanalítica: http://ampblog2006.blogspot.com.ar/2016/02/carta-abierta-emma-leach-presidenta-de.html

 

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