¿Selfie o Halsie?

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1) Narcisismo: Las redes sociales confirman lo que decía Oscar Wilde sobre lo que a veces es la realidad: una imitación del arte. Veamos sino esa proliferación de selfies por doquier  y  que no son más que otra vuelta de tuerca de la cultura narcisista de la que hablaba Lasch hace ya treinta años, cuando el ya hoy antiquísimo posmodernismo nos entretenía con niñerías literarias. Que quieren que les diga: Todo ello me huele a imitación…como esos perfumes chinos que pretenden homologar a esos otros, carísimos ¿Y que es lo que se imita en las selfies? Creo que se imita a los retratos de Frans Hals, el gran retratista holandés del siglo XVII. Busca por ahí, en tu móvil, una foto de una reunión de amigos o compañeros de estudio o trabajo ¿Acaso dista mucho de “Los oficiales de la Milicia de San Adrián” (1633) o del “Banquete de los oficiales de Milicia de San Jorge” (1627)? No lo creo. Cambiemos la vestimenta y el atrezzo y ya.

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“Los oficiales de la milicia de San Adrián” (1633)
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“Banquete de los oficiales de la milicia de San Jorge” (1627)

Veamos ahora al “Caballero sonriente” (1624), el que está en el teléfono móvil, quizás uno de los mejores retratos que se hayan pintado. El caballero es ameno, agradable, un poco petulante pero ya sabemos…“Él es así y lo perdonamos”; es un personaje querible, aún en su pose engolada, pedantesca. Necesariamente tenemos que mirar ese traje. Casi no hace falta decirlo: nuestra mirada va allí como flecha: “El mejor que me puse. Hey ¡Vean mis encajes!”. Como esas camisetas tan “casual” (cá-sual, con acento en la a) o esas camisas “tan-a-tono” o esos gadget acompañantes (pancartas, florecillas, peluches) que pululan en nuestras redes, mostrando lo mejor y lo más adecuado para nuestra pequeña o gran tribu.

2) Parejas: También en las redes actuales sobreabundan las parejas y, por supuesto, su mensaje: “Vean (o acaso envidien) nuestra felicidad”. Nada nuevo bajo el sol; algo así como “Pareja de esposos en un jardín” (1622) o los divertidos “Yonker Ramp y su novia” (1623) quienes también parecen estar sacándose una selfie.

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Sin embargo aquí habría que hacer un pequeño alto: ¿Acaso alguien ha encontrado una pareja con un juego de gestos o miradas más subyugante y más pleno de amor que los de Stephanus Geraerdts e Isabella Coymans? Yo no.

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Pues bien, este cuadro, pintado por Frans Hals en 1650-52, tiene una historia muy particular que merece ser contada. Los cuadros de parejas (generalmente se realizaban como regalo de bodas) seguían una pauta de la época: la mujer se pintaba a la derecha del hombre ya que, en la vida real, se sentaba a su izquierda. Con el tiempo, y por razones de un mercantilismo atroz (el capitalismo mercantil hacía ya sus primeros y brutales pinitos), muchos de esos cuadros dobles fueron separados para multiplicar su valor y así fue que Stephanus terminó en un museo de Amberes e Isabella en una colección privada.  El pequeño giro de cabeza de Isabella, su sonrisa, su gesto de entregarle una flor replicado, a su vez, en el gesto de Stephanus de extender su mano derecha para recibirla mientras la mira embelesado aunque contenido: son muchos los detalles que hacen de esta pintura la apoteosis de amor.

3) Técnica: Muchos retratos actuales en plan selfies o “mi-foto-espontánea” me hacen acordar a los retratos que Hals les hacía a sus personajes en una silla pero con el torso girado en una torsión que revelaba dos cosas: una construida espontaneidad y un dinamismo pocas veces visto: en cualquier momento (nuestra imaginación lo sabe) el hombre volverá  a girarse en la posición habitual, más cómoda. Y es que, ya sea en la morisqueta adolescente o en la foto de la treintañera de espaldas mirando el horizonte, la espontaneidad (con un observador/cámara de por medio) es una ilusión apenas creíble. Asimismo, si vemos los últimos cuadros de este tipo de nuestro holandés (hombre en silla) podremos apreciar como, en sus rápidas pero controladas pinceladas, se adelanta unos doscientos años. Veamos sino al “Hombre sentado con sombrero ladeado” (1665): Lo que encontramos allí es un proto-impresionista. Observemos su mano derecha ¡Podría ser Manet!

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En los mentideros académicos suele insistirse en que la psicología nació con Freud a principios del siglo XX. Quizás fue así, pero para mí nació en la primera mitad del siglo XVII con dos buceadores de las profundidades: con Shakespeare y sus caracteres y con Frans Hals y sus retratos. El siglo XX solo sofisticó un poco las cosas.

N. Patricio Reyes C.

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