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Spears, lectora de Marx

Desde que el mundo es mundo algunos pocos cuentan chistes, hacen bromas, chanzas y chascarillos. Los demás, es decir casi todos nosotros, los acompañamos riendo. Los antiguos griegos crearon al respecto todo un género dramático dedicado a lo cómico relacionado con los antiguos ditirambos y dramas satíricos que, a su vez, estaban referidos al culto de la fertilidad y, por ello mismo, al dios Dioniso. Sea con Aristófanes o con el payaso de nuestro grupo de amiguetes venimos riéndonos por ocurrencias más o menos sofisticadas o toscas, oportunas o desubicadas.

Hace aproximadamente un siglo uno de los maestros de la sospecha, el Dr. Freud, descubrió que rascando un poco la primera y superficial capa del chiste, hay cantidades ingentes de información referidas a contenidos inconscientes. Nos seguimos riendo como lo hacemos desde el paleolítico junto al fuego de la cueva pero, desde principios del siglo XX, además de reírnos, sospechamos de nuestra risa y, por supuesto, de la ajena.

En esta charla hablaremos del muy interesante trabajo de Britney Spears “Work Bitch”, de los efectos a que dio lugar y las reflexiones que me provocaron. Primero vino la risa: Spears interpretaba o leía a Marx. Luego, o casi al mismo tiempo, entraba la sospecha. Lo que sigue es un compendio de esa jocosidad y esta seriedad, es decir, algo parecido a esa ensalada “agridulce” que tu tía se empeña en hacerte probar cada vez que vas a visitarla.

Cuando escuché por primera vez “Work Bitch” quedé pasmado. No fui el único. Tuvo muy buena recepción de público pero también de la crítica especializada. No solo se había instalado en el centro de las pistas de baile del planeta con una música potente sino que logró atraer a una intelectualidad que no comprendía del todo que era lo que quería transmitir. El video, por si fuera poco, dejaba aún más interrogantes. Lógicamente, todos los focos marxianos se fueron encendiendo uno a uno apuntando nuevamente a la Spears.

Spears es una vieja conocida del marxismo al igual que toda la industria pop-rock. Los adornianos, a partir de los 80-90, se hacían pantagruélicos festines con la industria musical y sobre todo con los rock-star, aquellos personajes que, de músicos hippies y alternativos buscando discográficas en los 60-70, pasaron ser empresarios con puros y limusinas que, cada tanto, confeccionaban música en las décadas siguientes.

Con la entrada de la segunda década del nuevo siglo la estética de Britney Spears, salida del riñón de madonniano del pop, fue cambiando hacia un estilo más dance. Por las razones que fuera (evolución de su maternidad, necesidad de nuevos aires, influencia de los productores suecos, etc.) su música empezó a entrar fuerte en las discos disputando mano a mano con los reyes de la noche capitaneados por los Guetta y su larguísima troup de discípulos e imitadores. La pegadiza “Till the World Ends”, sin dejar de ser pop, era muy bailable y mostraba a Spears estéticamente muy solvente. Con “Hold it Against Me” demostró que había algo más que pop-dance: teníamos un experimentalismo en el sonido muy sofisticado, sobre todo viniendo de una artista del pop. Su relación estética con Will.i.am no hizo más que mejorar su nueva vertiente y “Scream & Shout” es una excelente muestra de ello. Sin embargo, lo mejor estaría por llegar.

Con Work Bitch, los adornianos, muy centrados en los media, podían entrar de nuevo en carrera a costa de Spears pero, evidentemente, la caja de herramientas hecha en Franckfurt, siempre útil, no alcanzaba del todo. Ni por asomo alcanzaba. Los primeros análisis sobre Work Bitch fueron weberianos en un sentido motivacional. Para esta perspectiva, estábamos en la versión electro-dance del “Protestantismo como origen del capitalismo”, la ética del trabajo y esas cosas. Sin embargo, ese análisis, correcto en su superficie, chirriaba bastante apenas se escarbara un poco, sobre todo en su aspecto visual. ¿Cuál era entonces la relación con la policía o con el gobernador con quienes tendríamos (ella tendría) problemas? Algo se escapaba. ¿Cuál era el sentido de la increíble insularidad tanto en el desierto como en una piscina plagada de tiburones? Si Adorno no alcanzaba, Weber tampoco. Hay ahí una cuestión muy política que sería necesario analizar.

Sade, Loyola, Fourier, Spears

sade-loyola-fourier-webLo primero que me viene en mente a propósito de lo político en “Work Bitch” es su estructura sadiana. De encierro sadiano. Diría más: si acaso los dioses tuvieran un mínimo de generosidad y permitieran que resucitara Barthes y que éste, ya resucitado, quisiera completar su “Sade, Loyola, Fourier” con alguna figura contemporánea, creo que una excelente candidata sería Spears. Fijémonos que buena parte de su música y sobre todo sus videos musicales tienen una muy fuerte impronta de encierro sadiano, con látigos correctores incluidos. Con respecto a este último enser sadiano pensemos en el látigo-micrófono en “I Wanna Go” o el encierro tecnológico y látigo-pintura en “Hold it Against Me” y el látigo en su estado puro en “Work Bitch”. Por ello mismo es que la perspectiva weberiana de la ética calvinista en tanto Geist o espíritu del capitalismo en “Work Bitch” sería superficial, es un calvinismo de superficie. El sentido imperativo y el látigo de Spears poco tienen que ver con el Benjamin Franklin que nos trae Max Weber, ese Franklin que toma al trabajo como “deber moral” y que piensa que disfrutar en el parque es perder cinco chelines porque el “tiempo es oro”.

En este sentido, la insularidad de “Work Bitch” (piscina, desierto) es absolutamente sadiana en un sentido plenamente político, pero también lacaniano. Lo erótico aquí funge no tanto en el sentido de mujer objeto sino más bien en un doble sentido, en primer lugar como imperatividad o mandato, una imperatividad kantiana tal como fue delineada por Lacan en “Kant con Sade” y, en una segunda instancia, como elemento extratextual: recordemos que Spears estaba muy mediatizada como “madre” y ahora estaba de vuelta al ruedo como animal erótico apetecible y ello no tanto en cuanto objeto erótico para consumo masculino, que también, sino como interpelante de otras mujeres como veremos más adelante. Con “Work Bitch”, lacanianamente hablando, pasamos del “estadio del espejo” de la fantástica “Hold it Against Me” con su fragmentación y lucha corporal y sonora entre las dos Britney (una vez que los infans, aún sin vista, salen de su amplia falda) a un “Kant con Sade” donde lo erótico se politiza (o mejor dicho lo podríamos politizar) de una manera muy marxista y trotskista como ya veremos luego.

Un maniquí de Raunch Culture

Lo segundo que me vino a la mente luego de revisar adornianamente los elementos de producción de “Work Bitch” fue una obra de Jean Fouquet, un pintor francés poco conocido del siglo XV muy influenciado por el prerrenacimiento italiano del momento, es decir, Masolino, Ucello y, sobre todo, Fra Angélico.

Jean_Fouquet_webLa obra en cuestión es “La Virgen con el Niño” de 1450 que formaba un díptico (llamado Díptico de Melun) con otra obra de Fouquet: “Étienne Chevalier con San Esteban”. Lo interesante del caso es que, según un historiador del siglo XVII llamado Godefroy, la Virgen tenía los rasgos de Agnès Sorel, una amante del rey Carlos VII de Francia, con quien tuvo tres hijas y era considerada como la mujer mas bella de Francia. Sin embargo, el cliente del cuadro de Fouquet fue Étienne Chevalier que era tesorero real pero también albacea de Agnès Sorel, y muy probablemente también su amante. Es decir, no solo tenemos a un mártir del siglo I en el mismo espacio que el comitente del siglo XV (mezclar tiempos en un mismo espacio pictórico era algo habitual, pensemos en Benozo Gozzoli y tantos otros) sino la duplicidad de la Virgen portante del rostro de una amante de un rey y de uno de sus tesoreros. La rigidez de la Virgen (el historiador holandés Johan Huizinga dice de ella que es un “maniquí”) no predispone mucho al erotismo pero lo importante aquí es que no sabemos muy bien cuál es el sentido que se le puede dar al cuadro y quienes y cómo intervinieron en el programa iconográfico. Sabemos de antemano que la cuestión entre el cliente, el pintor y el teólogo (el encargado de ofrecer un guion narrativo-iconográfico) y algunos factores productivos (usos de pigmentos más caros o más baratos, habilidades técnicas y otras cuestiones muy bien analizadas por Baxandall) estaban mezcladas de una manera muy variable.

En el caso de “Work Bitch” tenemos algo parecido: un continuum de letristas, músicos, arreglistas, productores, ingenieros de sonido, coreógrafos, videógrafos, la propia artista, estilistas, escenógrafos…. en fin un esquema industrial que se parece mucho al artesanado medieval. Lógicamente, tenemos aquí toda una vertiente muy apetecible para los émulos de Adorno. Claro, la industria pop, por su misma esencia, siempre requerirá del star system como un elemento clave de su producción, pero como en otras tantísimas ramas industriales (pensemos en aplicaciones informáticas como Photoshop o los videojuegos) los creadores son simples artesanos de la megaempresa que los contrata ¿Acaso alguna vez sabremos quién fue el creador del “tampón de clonar” de Photoshop o de este o aquel videojuego o tan siquiera de alguna parte del videojuego?

Volvamos al tema del “erotismo de maniquí”, es decir de la Virgen con el rostro de la amante, ya sea del rey o del tesorero real o de ambos. El mismo Huizinga destacó el creciente proceso de profanización de la vida sacra y su enorme extensión durante la Baja Edad Media y que iba bastante más allá de cierto permisivismo humanista. “Work Bitch” tiene un poco (o quizás bastante) de ese erotismo de maniquí y lo podríamos relacionar con lo que la periodista Ariel Levy llama “Raunch Culture” es decir una cultura de sexualización donde la mujer es objetificada u objetualizada, y en la que también se objetualizan unas a otras y, además, son alentadas a objetualizarse ellas mismas.

raunch-culture-webEs cierto que buena parte de la estética pop de artistas mujeres entraría en esta categoría de “raunch culture” y el hecho que Spears juegue permanentemente con su autoadjetivación de “bitch” no sería más que su constatación. En este sentido, lo erótico de “Work Bitch” podríamos verlo como una de las tantas reacciones tardías a cierta mojigatería de la segunda ola feminista (señalada por las feministas posteriores) encabalgándose a la perfección en la alianza pragmática reaccionaria entre neoliberalismo y la mercantilización de la sexualidad de la hablaba Sylvia Walby en “The Future of Feminism”.

Figurabilidad y condensación

En tercer lugar, pensé en cierto freudismo onírico. Esa mezcla visual de desierto y piscina, con lo insular ya anotado, el erotismo sado, la coreografía madonniana, la referencia a la policía y al “gobernador” porque “traeré problemas”, el fetichismo consumista incluyendo una sexualidad sadosoft, tiburones cuyo sentido de castración, angustia y falicismo parece bastante claro, ritmos corporales extremos que finalizan con explosión de cuerpos y cabezas; todo ello aparece como si estuviéramos en un sueño, como si fuera un trabajo onírico de condensación en el sentido freudiano. El “miramiento por la figurabilidad” del que hablara Freud en “La interpretación de los sueños”, es decir, los pensamientos del sueño transformados en imágenes visuales, parece cobrar cuerpo en todo el video musical.

…Y llegó Marx

El asunto se complicó aún más a partir de una parodia con una falsa entrevista a Britney Spears en el Dailymash:

“Siempre canté sobre la relación entre las personas y los sistemas económicos que rigen sus vidas, por ejemplo, mi exploración del poder de seducción del capital en Gimme More”. Work Bitch es “una sátira del fetichismo de la mercancía, que subraya que los verdaderos dueños de los medios de producción son los mismos trabajadores”. “Cuando azoto a una mujer con un látigo de esclavitud en el video, es una metáfora.”

britney_spears_marx-webLo interesante del caso es que el sentido irónico del texto reproducido funciona mucho mejor que la perspectiva weberiana sobre la ética calvinista del trabajo duro. Pero con un aditamento: se da otra vuelta de tuerca muy barroca a la enunciación: el texto del Dailymash es una ironía en el que su blanco enuncia a su vez (en realidad el sujeto de enunciación sigue siendo el periódico) una intención satírica de su producción: “es una sátira del fetichismo de la mercancía”.

Para no irme por las ramas, a través del Work Bitch de Spears, podemos entrar al mundo marxiano por una carretera de doble vía, por el lado de lo que llamaríamos con la antigua categoría estética de forma, tendríamos lo semántico-pragmático. Es el amplio mundo del tropo literario de la ironía y las instancias discursivas de lo satírico y paródico, con sus efectos subversivos de los que hablaba Bajtín retomando los postulados del formalismo ruso.

Por el otro, por la otra vía, lo que llamaríamos contenido, penetramos de lleno en la referencia paródica a la Spears lectora de Marx: El Capital, la fetichización de la mercancía, la sobreexplotación laboral, la relación con el poder, llegando a la destrucción de esos mismos trabajadores sobreexplotados, literalmente “explotados” en figuras de maniquíes en el final del video.

Spears lectora

Por supuesto, ni siquiera al mayor despistado del barrio puede ocurrírsele que, intencionalmente, Work Bitch es una propuesta estética de contenido marxista. Lo verdaderamente irónico del caso es que las mismas ironías al respecto, bajo el discurso paródico, funcionan como autodisolventes de sí mismas.

Veamos esto con más detalle. Linda Hutcheon sostiene la necesidad de estudiar la ironía tanto desde la semántica como de la pragmática. Desde la semántica, la ironía marxista del Dailymash hacia Spears operaría como “antífrasis” o inversión semántica. Pero desde la pragmática, desde lo situacional, la cosa cambia: estaremos en el territorio de las instancias evaluativas.

Y es aquí donde tendremos que contrastar el tropo irónico con aquellos géneros literarios en los que se hace uso: la sátira y la parodia. En realidad, para no extendernos demasiado, hablaremos de la parodia ya que ese es el marco en el que creo que se desenvuelve la textualidad “marxista” de Spears. Lo paródico en la presentación de Spears como lectora de Marx está en el sentido en que funciona intertextualmente en tanto y en cuanto se referencia desde una enunciación que remite a un otro texto (Marx) desde el propio texto (Work Bitch).

La ironía, donde la complicidad del lector con el sujeto de la enunciación es fundamental, funciona en dos planos, uno literal y otro connotado: decimos lo contrario de lo que pensamos. El ejemplo clásico lo tenemos en el Julio Cesar de Shakespeare. Marco Antonio repetirá varias veces: “Brutus is an honourable man”. Lo que en una primera instancia sería un cumplido, con el transcurrir de los acontecimientos, las sucesivas repeticiones del verso supondrán una ironía tremendamente condenatoria. Lo pragmático de la ironía es su marcación evaluativa, hay un sentido burlesco, generalmente reprobatorio, del blanco ironizado y exige del lector una cierta competencia para descifrar el texto. Por ello, es que si hay fuertes ironías intratextuales en “Work Bitch” las producidas intertextualmente desde el Dailymash se presentan en formato de discurso paródico. Pero hay más.

brando-antony
M. Brando como Marco Antonio en “Julius Caesar” (1953,  Mankiewicz): “Brutus is an honourable man”

Deberíamos pensar esto por capas. Una primera capa irónica, intratextual, una segunda capa más arriba que sería la capa paródica intertextual y una tercera capa que es la que nos interesa que es la extratextual, de tipo político. No hay, por supuesto, intencionalidad política ni en el texto “Work Bitch” ni en la reseña paródica del Dailymash. Pero sí hay una enorme productividad política a partir de la extratextualidad que gira en torno a dicho texto.

Y esa productividad política surge a partir del proceso de una negociación extratextual muy similar al que se da en el cine popular. Para Christine Gledhill existen tres niveles en los que se afirma este cine y que nos serviría para analizar esta periferia extratextual de “Work Bitch”: la audiencia, el texto y las instituciones. Sin embargo, es en el primer nivel, en el de la recepción, la audiencia, en el que se juega verdaderamente la negociación y es, a su vez, el menos predecible. Es allí donde comprendemos que la significación no puede ser impuesta y aceptada de manera pasiva sino que hay una denodada lucha o negociación entre marcos competitivos de referencia, motivación y experiencia. Como se suele decir, todos los caminos conducen a Roma o, en otros términos, a Voloshinov: “el signo es la arena de la lucha de clases”.

*****

Es precisamente aquí, en lo extratextual, donde se engarza la vía de la “forma”, es decir lo semántico y pragmático con la vía de lo que hemos dado llamar “contenido”, la de Spears en tanto “lectora” pero también “leída” desde El Capital, la sobreexplotación laboral, la fetichización de la mercancía y, fundamentalmente, la perspectiva de género.

Y es precisamente este último punto, el género, donde lo político adquiere una importancia mayúscula desde lo estético. “Work Bitch” es una de las tantas muestras industriales donde se cuela la impiadosa situación de la sobreexplotación laboral femenina, pero donde se explicita también y de una manera palpable la rebelión ante dicha situación. Es aquí donde la lectura paródica de “Work Bitch” operaría más bien en un sentido reaccionario, algo así como una risita nerviosa del patriarcado ante la excentricidad de una fiel representante de la industria del pop y del entretenimiento.

Más o menos en los mismos años y en diferentes latitudes se da una verdadera explosión de videos musicales dando cuenta de la misma temática: feminismo laboral y reacción contra el patriarcado capitalista (incluyendo a sus perros de caza institucionales, es decir, las pandillas policiales).

Estéticamente hablando, estaríamos aquí en una situación parecida a la de “Los sirgadores del Volga” (1870-1873) de Ilya Repin. Una pintura de estilo profundamente académico reaccionando contra la academia, no en el sentido de vanguardismo estético (no encontramos una pizca del mismo) sino de contenido, dando cuenta de una realidad social que se ve y se cuela por todas partes.

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“Sin pan y sin trabajo” de De la Cárcova sería otro ejemplo similar.

Similar a “Work Bitch” en tiempo y formato industrial es “Ain’t your Mama” de Jennifer Lopez. En ambos casos no debemos engañarnos por la brutal estrategia de product place presentes en ambas propuestas (algo que es casi una marca de fábrica del capitalismo estadounidense) sino que deberíamos observar los lapsus y los fuera de cuadro subyacentes, además de la estética confrontativa laboral desde una óptica feminista.

 

jennifer_lopez_punho_en_alto-webEl puño en alto de la trabajadora fabril luego del altercado con el representante de la patronal está convenientemente fuera de cuadro como para ser aceptado en el corte final pero lo suficientemente claro en tanto lapsus fílmico usando la pertinente categorización de Marc Ferro.

La actual catástrofe laboral de las mujeres adquiere sentido global y es inevitable que eso repercuta en todos los rincones del planeta y ello con un sentido político antipatriarcal y antipolicial desde la misma instancia laboral. En tal sentido, “Ain’t your Mama” se aproxima, y mucho, a “Bien warrior” de Miss Bolivia.

La lucha laboral es al mismo tiempo feminista. A su vez, Miss Bolivia se conecta con Spears si consideramos su confrontación contra las autoridades (policía y gobernador en un caso, el comisario en el otro). Poco importa aquí el mayor o menor grado de literalidad o sentido manifiesto/latente de este tipo de canciones. A este respecto, estamos a distancia intergaláctica de la canción de protesta a lo Joan Baez o Quilapayún, representativas de la emergencia insurreccional de los setenta. El sentido de lucha feminista laboral de “Bien warrior” se conecta, a su vez, directamente con “Somos guerreras” de Garzía. Estamos en un entorno urbano de precarización laboral con un claro anclaje juvenil. La representación de “poligoneras”, “chandaleras”, “wachiturras” por parte de Garzía o Miss Bolivia es la de la problemática laboral que ya es plenamente feminista.


Doctrina del shock

El alto sentido poético y político del rap de una Ari Puello o Ana Tijoux vinculará la tradición de Violeta Parra con la percepción global de que el llamado “capitalismo del desastre” necesita como condición sine qua non a las hordas represivas policiales para sostenerse. Un hilo tenso, firme, fuerte y casi invisible une a Spears (latente y onírica) con Tijoux, Puello o Miss Bolivia (manifiestas y literales) que solo superficialmente están en las antípodas. Esa especie de tansa de pescador, fuerte pero transparente, es la que dice que entre la policía/autoridades (los “perros del estado” de Ari Puello, los “guanacos” de Tijoux, el “gobernador/policía” de Spears) y las mujeres van a haber problemas.


…Y llegó Trotsky

Sin embargo, el plato fuerte llegará cuando después del mandato de “Work, Bitch” adviene la explosión de los cuerpos, de las cabezas. No pude dejar de relacionar este final de cuerpos hechos trizas del video musical con “Los rotos” uno de los mejores documentales políticos producidos en Argentina en relación a la sobreexplotación laboral en la industria del neumático aunque homologable a tantos otros rubros. Los cuerpos triturados, rotos, explotados adquieren, en dicho documental, una presencia, una carnadura políticamente explícita en su devenir sindical. Lo trotskiano adquiere aquí no tanto una cuestión de dogma político o simple propuesta sindical sino más bien una cuestión de pura supervivencia vital a través de la independencia de clase como instancia de salvavidas: la lucha por la reducción de las brutales jornadas laborales se hace perentoria para no terminar como los maniquíes de Spears o “los rotos” de la industria del neumático.

Al mismo tiempo que ese documento fílmico se estaba realizando, un informe de la oficina de estadística de la Ciudad de Buenos Aires y que fuera publicado en febrero de 2017, mostraban unas cifras que daban cuenta de la situación de catástrofe laboral con referencia al género. Lógicamente, el informe [Nº 1119, Ingresos en la Ciudad de Buenos Aires (ETOI). Análisis por fuente. 3er. trimestre de 2016] apenas tuvo difusión y aún menos se sacaron las conclusiones pertinentes. Lo que comentábamos en relación a los videos musicales (o “Los sirgadores del Volga” de Repin) donde se colaba la situación de sobreexplotación laboral femenina tiene aquí su plasmación en cifras. Cifras que corresponden a una de las ciudades más ricas de Sudamérica y, aparentemente, con un grado importante de equidad de género. En dichos números podemos constatar que el imperativo de “trabajá, perra” en su versión criolla adquiere visos de neoesclavitud patriarcal. Veamos los gráficos principales:

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Como puede apreciarse, el régimen económico-patriarcal goza de una excelente salud y la trituradora capitalista de cuerpos femeninos funciona como un perfecto reloj suizo (al que todas las mañanas la burocracia sindical da cuerda) cebándose principalmente en mujeres con secundaria incompleta (¡que ganan casi la mitad de sus pares varones!), jefas de hogar y precarizadas que trabajan en negro. El panorama desolador de este Fukushima laboral femenino es verdaderamente dramático y los elocuentes gráficos no tienen nada que envidiar a la explosión de cuerpos y cabezas del video de Spears que, a esta altura, parecen ilustrar lo que sucede a diario con las mujeres de la Ciudad de Buenos Aires.

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Cuando hablo de Work Bitch como ilustración pienso en el mismo sentido los textos de Kafka o los cabarets alemanes de los veinte y treinta como Die Katakombe (frecuentados por Brecht, Eisler, Ernst Busch y tantos otros) en los que se ilustraba a través de canciones el descarnado saqueo patronal y la consiguiente lucha de clases y se prefiguraba la maquinaria burocrática infernal del nazismo uno de cuyos lemas principales, y que figuraba en las entradas de los campos de exterminio de Auschwitz o Dachau, era Arbeit macht frei (el trabajo libera) que se completaba con el meritocrático lema que portaba la entrada del campo de exterminio de Buchenwald que afirmaba Jedem das seine que seguía la fórmula latina “suum cuique” de la monarquía prusiana y que venía a significar A cada cual lo que se merece”.

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Epílogo

Hemos hecho un recorrido de risas y sospechas. Lo paródico (Spears leyendo Marx) cruzado con el análisis algo impresionista y bizarro de sus efectos. Soy consciente que el barroquismo caótico y pretencioso de mis palabras convive con una mirada lúdica que se aproxima mucho al pastiche, esa forma que, al decir de Daniel Bilous, tiene más que ver con un interestilo que con un intertexto. Hemos desarrollado alusiones, citas y readaptaciones (parientes pobres de la intertextualidad) que poco y nada tienen de académico ni mucho menos de texto político, aunque permanentemente intento vampirizar ambos campos para fines estéticos que, a su vez, siempre (repito, siempre) devienen en fines políticos. La ventaja de escribir o hablar de manera hedonista para uno mismo (como suelo hacer casi siempre) tiene la infinita gratitud de una amable displicencia y de la libertad aunque a veces puede ser ocasionalmente compartida. Eso haces ahora con esta lectura o esta escucha. Un acto minúsculo, infinitesimal pero, de todas formas, mayúsculamente político.

N. Patricio Reyes C.

Cualquier anuncio comercial que aparezca en este blog es impuesto por WordPress y no deseado por el autor. 

Santiago Maldonado, Andrei Rubliov y las bandas delictivas estatales

Una de las perspectivas más interesantes pero más dramáticas para los artistas se refiere al vínculo del arte y sus protagonistas con las diferentes bandas delictivas que posee el estado. El caso de la detención y desaparición de Santiago Maldonado el 1º de agosto por parte de la pandilla de delincuentes de la Gendarmería vuelve a relacionar uno y otro campo: el del arte y la vida por un lado y el de la muerte, los negocios y la opresión por el otro.

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Pandilla delictiva estatal en cacería de mapuches en el territorio provincial de Benetton

El “caso Maldonado” ya es archiconocido y muy mediatizado y está siendo llevado por una de las dependencias de multinacional Benetton, más precisamente su departamento judicial: el Juzgado Federal de Esquel a cargo del Juez Guido Otranto acompañado por una dependencia administrativa también de los Benetton: la Fiscalía Federal de Esquel, a cargo de Silvina Ávila. Seguir leyendo Santiago Maldonado, Andrei Rubliov y las bandas delictivas estatales

Santiago, la niña y la entrañable transparencia de la Gendarmería

La gente, a veces, tiene certezas. Por ejemplo, todas las niñas argentinas saben que el tercer domingo de agosto tendrán un regalito porque esa jornada es el Día del niño. Las certezas suelen relacionarse con la luz, lo iluminado, lo transparente que permite ver a través. El antónimo de la certeza es la incertidumbre, la zozobra y se relaciona con la opacidad, la oscuridad, lo que no vemos y que, además, nos angustia. Seguir leyendo Santiago, la niña y la entrañable transparencia de la Gendarmería

RHCP & skate

Increíble que “Dark Necessities”, que es del 2016, ya suene como un verdadero clásico de los RHCP y que sea uno de los mejores de la banda (según mi gusto, claro). Además tiene ese toque funky que suena magnífico. Se ve que el corazón funketa del grupo sigue latiendo con fuerza. El vídeo es inmejorable con unas chicas skaters que complementan muy bien la canción y que, por si fuera poco, nos regalan un meritorio (aunque fallido) kickflip y un par de buenos shove-it.

El juez Otranto y los “negros de mierda”

Muchísimas veces sucede que dichos y eventos importantes realizados fuera de los focos periodísticos de las grandes o medianas ciudades suelen perderse en el tiempo y quedar como simples anécdotas de pueblo.

El caso de la detención-desaparición de Santiago Maldonado por parte de las fuerzas de la Gendarmería Nacional argentina es, precisamente, lo contrario. Adquiere una dimensión internacional y es de una gravedad inusitada, aún por encima de casos similares como el de Julio López o Miguel Bru. Es en vinculación con estos grandes casos que esas pequeñas anécdotas pueblerinas de la que hablabamos, prontas a desaparecer, adquieren una importancia mayúscula. A partir de la detención-desaparición de Santiago Maldonado nos vamos enterando de situaciones y contextos que, de otra forma, quizás nunca habríamos reparado en ellos.

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Juez Federal Guido Otranto

No es mi objetivo aquí reseñar el patético desempeño del juez Guido Otranto o de la fiscal a cargo del caso de la detención-desaparición de Santiago Maldonado y sus complicidades con los responsables de Gendarmería. Ya hay suficiente evidencia periodística al respecto. Ni tampoco cargaré las tintas sobre la política crecientemente represiva por parte de los aparatos del estado. Ya muchos dirigentes políticos y organismos de Derechos Humanos dan cuenta de ello. Simplemente les hablaré de algunos pocos Seguir leyendo El juez Otranto y los “negros de mierda”