Todas las entradas por agendasociocultural

Del voleto heducatibo

El ataque del grupo empresarial Clarín a la educación pública no es nuevo. A lo largo de su dilatado historial periodístico (las hemerotecas pueden dar cuenta de ello) hubo argumentaciones similares. ¿Porqué entonces el último ataque por parte de uno de sus editorialistas causó tanta irritación en la comunidad educativa ? Creo que la causa no está en su desenfocado planteo pedagógico sino mas bien en la cultura política en el que se asienta.

Qué el tandem comunicacional La Nación-Clarín es el portavoz de las políticas públicas derechistas (sea cual fuere el gobierno de turno) es un dato de la realidad. Los dos periódicos más leídos del país se reparten, como buenos socios, el mercado: La Nación, el segmento ABC1 (clase alta) y C2 (clase «media alta») mientras que Clarín se queda con el C3 (clase media «típica») y D1 (clase baja «superior» o clase «media baja»).  La estrategia  comunicacional de ambos medios deviene en función de ese mercado. El artículo perpetrado por Ricardo Roa se atiene estrictamente a esas pautas.

¿Cuál es en la cultura política  de la que hablamos? Se suele decir que el gobierno de Mauricio Macri es un gobierno conservador, de políticas neoliberales dirigido por accionistas y gerentes de empresas, una CEOcracia. Esto es verdad…pero una verdad a medias. Incompleta. No es la intención hablar aquí sobre la política de recortes presupuestarios, los subsidios a la educación privada, los brutales ataques mediáticos a docentes y estudiantes, sino de su sustento cultural. Y aquí es donde afirmamos la incompletud de pensar que el gobierno de Macri es una CEOcracia neoliberal, algo así como un «ajustador y privatizador» a lo Menem. Semejante visión supone una ingenuidad apenas exclusable cuando viene, sobre todo, de dirigentes políticos. La cultura política del macrismo no es solo neoliberal sino, y fundamentalmente, lopezrreguista. Es un lopezrreguismo cultural. Nos explicamos.

Es bastante conocida la figura de López Rega cuya siniestra  biografía muchas veces es presentada como una mancha bastante horrible en el devenir de la historia argentina. No creo en semejante enfoque. No hay mancha: Hay estructura. López Rega no es un malvado Rasputín criollo sino, y ante todo, el síntoma cultural del programa económico que lo sustenta. El lopezrreguismo cultural sostiene características especiales que le dan al programa económico liberal un matiz diferente: al clásico combo de liberalismo económico, conservadurismo político y represión social, se le agrega un esoterismo místico con variadas cepas.

El esoterismo de logia de Perón y López Rega será plenamente político y no social, como lo era el «espiritismo» decimonónico. El accionar de la Triple A (y sus múltiples ramificaciones) contra todo el «zurdaje» era una acción tanto política como de medicina mística: la idea era arrancar de las «entrañas de la patria» el virus maléfico del marxismo. Sin embargo, ese esoterismo era visto como una aberración por los carniceros profesionales que en marzo del 76 toman el poder:  carecía del muy necesario profesionalismo castrense. En el programa económico liberal del presidente de la Sociedad Rural Argentina (Martínez de Hoz) no se necesitaban místicos exorcistas que danzaran en un aquelarre de sangre sino carnicerías bien distribuidas con profesionales aptos para atacar «el mal». Las huestes de la triple A se incorporarán como ayudantes de los carniceros aprendiendo, ahora sí, lo que es la disciplina.

El lopezrreguismo macrista es de nuevo cuño, es un esoterismo new age: mientras Macri y el gurú Ravi Shankar proclaman a Buenos Aires como «Capital mundial de Amor» (sic) se producen las más feroces represiones jamás vistas en la ciudad, de las que los fusilamientos del Parque Indoamericano o las palizas a pacientes, médicos, docentes y familiares del Hospital Neuropsiquiátrico Borda, apenas son simples muestras de la saña de las fuerzas policiales en la  «Capital del Amor«. Las justificaciones ideológicas de los principales epígonos de la derecha pueden dejar alelado al más pintado. Cuando se le inquiere al presidente argentino Macri sobre sus consultas a la «vidente y chamán» Shirley Barahona, la contestación es que «ella es una excelente armonizadora de los chakras». Su lugarteniente no le va a la saga: los comentarios del nuevo jefe de gobierno porteño, Rodríguez Larreta, sobre la importancia de leer «El poder del Ahora» (un best-seller mundial y un compendio de patéticas banalidades al estilo P. Coelho) dan vergüenza ajena, pero lo peor es que corren de manera pareja a la protección institucional más increíble sobre los narcoprostíbulos regenteados de manera indirecta por la mayoría de las comisarías de la Policía Federal de la ciudad y protegidos por los organismos de control porteño.

Cuando Macri, con sus chakras armonizados, mantuvo a su principal asesor político  (Durán Barba) aún cuando este declaró su admiración por Adolf Hitler, lógicamente se ganó el apoyo de buena parte de los dinosaurios de la casta judicial y de la casi totalidad de las fuerzas de seguridad. Esa mixtura ideológica no puede tomarse livianamente como baladí intentando colocarla como una simple anécdota de una CEOcracia en el poder. No es anecdótica, es estructural y es un programa político cultural.

No es de extrañar que el actual lopezrreguismo cultural tenga el casi irrestricto apoyo judicial y también mediático del tandem Clarín-La Nación y que estos medios se ensañen con su contraVoletascara más evidente: la educación pública  y sobre todo la Universidad. No hace mucho, en plena campaña electoral, se coló una información sobre las boletas electorales, esas boletas que son la representación del ejercicio democrático.  Como un lapsus freudiano, el mismo diario que hoy ataca los reclamos docentes y estudiantiles, perpretó un artículo muy sintomático al respecto. En su copete hubo de cambiar la «b» por la «v»; la «b» llamada «larga» por la «v» llamada «corta».

Democracia larga / democracia corta. La actual persecución policial de las actividades culturales (los balazos policiales a periodistas y jóvenes en el recital de La Renga del pasado sábado 21 de mayo fue el último) se sostiene en estas narrativas distorsionadas, amputadas. Parafraseando a Lacan: El inconsciente lopezrreguista también se estructura como lenguaje.

balazos_La_renga
Centenares de jóvenes baleados por la policía bonaerense en el recital de La Renga el 21 de mayo de 2016 en Pergamino . El periodista Cristian Blicharski, del portal Rock.com.ar, relatará la brutal represión de las hordas policiales. La Renga es un grupo de rock argentino que está prohibido en la ciudad de Buenos Aires por el macrismo y en el Estadio Único de La Plata a pesar de contar con toda su documentación en regla.

 

Ratis de biblioteca

Lo sucedido en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA durante la jornada de protesta en mayo de 2016 es una buena oportunidad para hablar de la situación de las bibliotecas públicas de la ciudad de Buenos Aires.

El lunes 9 de mayo una horda policial se presentó ante los manifestantes (profesores y alumnos que imparten clases en la calle como forma de protesta) para amenazarlos que, en breve, serían desalojados. La amenaza encendió las alarmas ya que las fuerzas de seguridad de Argentina son conocidas no solo por el elevado grado de corrupción sino, y fundamentalmente, por la brutalidad de sus procedimientos.

Los argentinos saben bastante sobre la mafia policial, ya sea de sus actividades (su relación con los narcoprostíbulos, con los desarmaderos de autos, con el fifty-fifty en los robos barriales) como de sus ejecuciones (por ejemplo el fusilamiento de tres manifestantes en el parque Indoamericano a pocos minutos de la Facultad, quienes protestaban por el derecho a la vivienda en terrenos fiscales) así que no provocó asombro pero sí preocupación la actitud amenzante ante los responsables de una de las bibliotecas mas importantes del país. Quizás el patoterismo policial quiso celebrar el onomástico de la quema de libros por los nazis el 10 de mayo de 1933.

La Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras es una de las más importantes no solo del país sino de Sudamérica. La Biblioteca Central cuenta en su acervo con más de 393.000 volúmenes. Y aquí viene la cuestión. La Facultad se encuentra en uno de los barrios mas populosos de la ciudad, Caballito que, con 176 mil habitantes, solo es superado en población por el barrio de Palermo con 225 mil vecinos. A pesar de ello no cuenta en su territorio con ninguna biblioteca pública municipal. Pero hay más.

Si nos vamos a los barrios aledaños (hacia el este y por la arteria principal, la Avenida Rivadavia) encontramos que tampoco Almagro, Balvanera y San Cristobal cuentan con bibliotecas municipales. Estos cuatro barrios tienen una población conjunta de casi 490 mil vecinos. Si nos dirigimos hacia el oeste por la Avenida Rivadavia hasta el límite de la ciudad, solo encontraremos tres minúsculas bibliotecas: la «Mariano Pelliza» (Flores sur) con 15 mil volúmenes, la «José Hernández» (Liniers) con 10 mil volúmenes y la «Hilario Ascasubi» (Floresta) con 8 mil volúmenes. Estamos hablando ahora de una población cercana al millón de habitantes ubicados sobre el eje de la principal arteria de la ciudad (Avenida Rivadavia) solo servidos por tres bibliotecas municipales verdaderamente minúsculas. Demás está decir que el horario de estas tres bibliotecas municipales está especialmente pensado para la clase trabajadora: atienden de lunes a viernes de 10 a 17 hs. Por eso la Biblioteca de «Filo» es un verdadero oasis ante semejante desierto.

Pero a ello hay que agregarle la falta de contenido. Veamos. Quiero leer en alguna de las 38 bibliotecas municipales de la ciudad, a algunos ganadores de los Premios Nobel de los últimos veinte años: ¿Algo de Pinter? Nada;  ¿Algo de Kenzaburō Ōe? Nada; ¿Algo de Dario Fo? Nada; ¿Algo de V. S. Naipaul? Nada ; ¿Algo de Kertész? Nada; ¿Algo de Coetzee? Nada; ¿Algo de Pamuk? Nada; ¿Algo de Tranströmer? Nada; ¿Algo de Mo Yan? Nada; ¿Algo de Herta Müller? Nada. Podríamos seguir así hasta el hartazgo.

Pero aún hay más. Si nos atenemos a las cifras de novedades vemos algunos datos verdaderamente escandalosos: ¿Cuántos títulos entraron el último año? Desde mayo de 2015 hasta mayo de 2016 entraron 831 títulos para un total de 38 bibliotecas municipales. A razón de 21,86 títulos por biblioteca o, lo que es lo mismo, menos de dos títulos por mes por biblioteca. ¿Eso es mucho o es poco? Comparemos. 831 títulos en un año.

Madrid capital (con tres millones de habitantes) adquirió el último mes (repito: mes, no  año)  4.051 títulos; si ampliamos a la Comunidad de Madrid (seis millones de habitantes) las bibliotecas ingresaron 11.130 títulos.

Si medimos con la Comunidad de las Islas Canarias (España) que tiene tres millones de habitantes, las cifras son elocuentes. Las bibliotecas canarias ingresaron el último mes (mayo 2016) 7.282 títulos.

Si medimos con una importante capital latinoamericana como es Bogotá (ocho millones de habitantes) veremos que el sistema de Bibliored municipal adquirió el último mes 1.550 títulos.

Pero ese vaciamiento debe complementarse con algo y ese algo es, precisamente, el permanente acting out desenfrenado de las fuerzas de seguridad. El raid de los gansters uniformados no terminó con las amenazas a los docentes y estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras y su Biblioteca sino que prosiguió, en el barrio de Caballito, cuando una de sus hordas intentó confiscar los equipos de la televisora comunitaria Antena Negra TV debido a una larga y tragicómica disputa con la empresa Prosegur.  El contundente apoyo ciudadano impidió esta segunda confiscación en menos de un año.

La empresa Prosegur, vinculada al terrorismo de estado que asoló al país hace tres décadas, acusa a Antena Negra TV de interferir sus comunicaciones con la Policía Federal. El género tragicómico viene dado porque Prosegur y la policía se comunican con la frecuencia de 511 mhz, aún cuando la normativa legal (Ley Nº 23.478/86) sostiene que las frecuencias de 509 a 512 deben ser utilizadas solamente para servicios audiovisuales (radio y televisión abierta). Por si fuera poco la norma refrenda convenios internacionales como el  Convenio Internacional de Nairobi (1982). El argumento del juez, un cuasi-empleado de Prosegur, es que la televisora no tiene licencia (cosa cierta: el mismo Estado hace años no abre la convocatoria para el otorgamiento de las frecuencias) aunque ejerce el derecho (superior) de expresarse e informar. Lógicamente, el uso ilegal de la frecuencia 511 mhz por parte de Prosegur reporta jugosas ganancias a ambas hordas uniformadas, a las del sueldo público y a las del sueldo privado.

Las amenazas gansteriles son preocupantes. El actual contexto de persecución policial a las actividades culturales se enmarca en una cultura política de profundo oscurantismo y que podríamos calificar de «lopezrreguismo cultural» sobre el cual ya hablaremos. No es de extrañar que el actual ministro de Comunicaciones sea Oscar Aguad, el político que fue el apoyo más firme al General Luciano Benjamín Menéndez, uno de los carniceros más feroces de la última dictadura militar y que supo hacer con los libros lo que único que sabe hacer esta clase de gente: quemarlos.

Aguad_Benjamin_Menendez
El actual ministro Oscar Aguad, con la cabeza gacha, atrás del carnicero.

 El 29 de abril de 1976 la oficina de prensa del III Cuerpo de ejército citó a diferentes periodistas de la ciudad de Córdoba para que se acercaran a las instalaciones del Regimiento 14 de Infantería, enfrente del despacho del general Luciano Benjamín Menéndez, el socio militar del actual Ministro de Comunicaciones del gobierno de Mauricio Macri. Ante la presencia del general y la del teniente coronel Gorleri, Jefe del Regimiento, los periodistas vieron como centenares de libros previamente confiscados de las librerías de Córdoba ardían en una gran fogata. Gorleri perpetró una justificación: “Incineramos esta documentación perniciosa que afecta al intelecto, a nuestra manera de ser cristiana…, y en fin a nuestro más tradicional acervo espiritual sintetizado en Dios, Patria y Hogar”. La quema propiciada por el socio del actual ministro macrista no llegó a las dimensiones de la quema de libros del Centro Editor de América Latina en 1980, en Sarandí, Buenos Aires (decenas de miles de volúmenes) pero fue casi tan significativa como esta.

En estos fríos de mayo, los docentes y estudiantes de «Filo» supieron parar a estas hordas de uniforme. Un verdadero ejemplo para todos los ciudadanos, sobre todo para los que somos herederos del Firmín de Sam Savage y que estamos en la vereda opuesta de estos patéticos «ratis» de bibliotecas.

Patricio Reyes C.

Graduado (Cum Laude) de la carrera de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Nota: El viernes 13 de mayo de 2016 el gansterismo policial ocupó la sede de la Dirección Municipal de Música de la calle Alsina de la Ciudad de Buenos Aires y no permitió acceder a sus trabajadores que habían convocado una Asamblea para peticionar por sus condiciones laborales. A fines de marzo del mismo año las fuerzas policiales habían sitiado las instalaciones de la Biblioteca Nacional por las mismas razones.

Quienes somos

Un apartado como este («quienes somos») me evoca dos referencias: una literaria y otra cinematográfica. La literaria es un breve pero comiquísimo relato de Oliverio Girondo en su libro Espantapájaros (1932) donde el narrador nos cuenta de su difícil convivencia con las diferentes personalidades que lo habitan y que, además, se multiplican con el paso del tiempo. La cinematográfica es una mediocre y bizarra comedia estadounidense llamada «Negocios fuera de control». El protagonista dirige una empresa con el pomposo nombre de Apex System y su equipo está formado por él y dos desastrados acompañantes. A punto de cerrar trato con una compañía gigante, el presidente de ésta le pregunta cuántos empleados tiene y le contesta que dos. ¿Y usted? El pez gordo le contesta que tiene docientos mil, más o menos. Y agrega: «Pero no vaya a creer que eso es más difícil. A veces dirigir dos personas es más complicado que dirigir miles».

Yo no llego a tanto: ni al divertido y multiplicado psicótico de Girondo ni al «presidente» de Apex System. Mis ayudantes, Kenia y Maje, no saben contestar el teléfono pero Kenia, por lo menos, intenta pulsar las teclas del portatil, aunque le falta la práctica de la lecto-escritura. Hay colaboradores, claro: Amiguetes que me pasan datos de eventos e instituciones. Lo cierto es que este proyecto era personal, algo que hacía para mí, una agenda de eventos gratuitos que simplificaba mis actividades culturosas. Me insistieron y, como en algunas cosas tengo el sí fácil, accedo a hacerlo público.

_DSC3437_bb
Kenia y Maje

Lógicamente, faltan algunas cosas y, quizás, sobran otras. No hay cursos (me desbordarían por la cantidad) ni actividades para niños. De música generalmente pongo de la llamada clásica (o culta o académica como se prefiera)  y algo de popular. De televisión: Nein! Niente!. De radio, puse unos enlaces a mis preferidas: estatales y de música llamada clásica: RTVE cuyos podcast son muy recomendables, la BBC3, la Rai5 (fd5), la nacional clásica argentina (96.7), la pública neoyorkina WQXR y la moscovita Orfeus (fonotron.ru). ¿Política? Por supuesto, pero poco y a la izquierda. Puse, además, tres apartados interesantes: Biblioteca, donde voy subiendo bibliografía que tengo archivada por ahí, Ciclos de cine,  con cineastas que me gustan y el Blog, en el que pongo opiniones y pensamientos en voz alta sin ningún interés divulgativo sino más bien realizado por el simple placer de escritura, como aquel que se pone a tocar la guitarra en la cama mirando el techo ¿Redes sociales? De las redes sociales mi balance es similar al de la TV: francamente negativo (por ser suave) y por ello mantendré tan solo un contacto mínimo, el más mínimo posible hasta poder sacar esta humilde página del todo de dichas redes.

Espero que lo disfruten. Y recuerden: Lo gratuito es más saludable y engordar capitalistas provoca diabetes. 

Gratuidad

«Nada es gratis». Lo hemos escuchado mil veces. Cuando el tío le pide al sobrino que le ayude a pintar la habitación del fondo, éste le dirá que se lo puede retribuir, a su vez,  ayudándole con su camioneta a mudarse no muy lejos del barrio. Sin embargo, hay retribuciones no tan «materiales»: A cambio de lo que ofrecemos podemos pedir un reconocimiento público, un lugar en los cielos divinos, una buen cumplido de mi grupo social de referencia, etc. Los antropólogos trabajaron sobre el tema y, en eruditos análisis etnográficos, nos hicieron comprender que atrás (o después) de un «don» hay siempre un «contradón». Los psicólogos sociales, en cambio, suelen hacer las delicias del público adicto a la divulgación científica: son muchos los experimentos referidos a la conducta  altruista o egoísta en los casos de ayuda a un necesitado. Los estudiantes de psicología suelen hacer sus primeros pinitos colgando en youtube, por ejemplo, el típico caso del falso ejecutivo al que le da un ataque (también falso) y cae en la calle. Lo mismo hacen con un falso mendigo y se comprueba, cámara mediante, cuántos y quienes son los que acuden a ayudar. Las variantes de estos divertimentos estudiantiles (y que corren de manera paralela a sus tediosas sesiones de estudio de series estadísticas) suelen ser infinitas y desopilantes.

Sin embargo, con respecto a la gratuidad y el altruismo, algo empezó a cambiar a raíz de ciertos procesos tecnológicos relacionados con la digitalización. El puntapié inicial de estas reflexiones lo dio Walter Benjamin cuando, en 1936, escribió el pequeño pero multicitado ensayo «La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica». Con el fenómeno de la reproductibilidad (fotografía, cine) se pierde el sentido del «aura» de la obra de arte única e irrepetible. Las cintas de cine son todas copias, ninguna puede considerarse «la original». Lógicamente, esto dio paso a la reacción de algunos asustadizos que se refugiaron en la buhardilla con sus tranquilizadores osos peluches que les susurraban las ideas del art pour l’art y el arte puro y, de esta manera y solo de esta, podían conciliar el sueño.

Pero todo había cambiado y la función social del arte y el qué-hacer-con-este-público se volvió crucial.  Las reflexiones de Benjamin dieron tela para cortar a todo el siglo XX, pero a principios del siglo siguiente se estaba cocinando otra cosa y ello se hacía con los ingredientes proporcionados un par de décadas atrás. Lo analógico, lo continuo se convierte en digital. Y eso era un vuelta de tuerca sobre la reproductibilidad. Si esta imagen tan bonita la convierto en una gran sopa de ceros y unos (código binario) ello quiere decir que te la podré llevar en algo más rápido que mi carretilla o mi moto y, lo que es mejor, tú me enviarías la tuya. Los intercambios de archivos se convirtieron en furor desde los primeros años del siglo XXI, pero detrás de mandar las canciones de U2 o la última versión pirateada del Office, se colaba algo bastante más preocupante (para ellos) que las travesuras adolescentes del pirateo informático: la idea de una nueva gratuidad, algo diferente a la reclamada y conseguida (con muchas luchas) de sus abuelos del siglo pasado.

Las alarmas se encendieron. Algunos sectores se perjudicaron directamente (música, algunos nichos de entretenimiento) y se intentó actuar para dar su merecido a estos díscolos nerds. Pero las tímidas refriegas de superficie ocultaban algo más ominoso para quienes están acostumbrados a regodearse en una chais longue de billetes y champán producto del sudor ajeno. La cultura de la gratuidad, del Copyleft, del intercambio o el Creative Commons de Lawrence Lessig supuso otra mirada en la generación Millennials y que se resume en una pregunta muy simple: ¿Para qué pagar lo que puedo -y exijo- conseguir gratis? seguida de una afirmación que roza el escándalo: Me encanta no pagar. La legión de tutoriales «hágalo usted mismo», del crecimiento del tercer sector (economía no lucrativa) con el voluntariado como bandera o la nueva politización juvenil devienen en elementos económicos de una manera que hace una década nos parecía impensable.

Como una especie de venganza edípica o de justicia poética, se desempolvaron los textos sobre la teoría del valor-trabajo porque muchos economistas se dieron cuenta que la definición clásica de utilidad marginal no cuadraba en el presente. Y es que lo digital-gratuito o la economía del conocimiento donde el coste marginal tiende a cero supone un cambio poco visible aún pero radical en sus consecuencias cercanas. Paul Mason lo reseño muy bien:

La teoría del valor del trabajo, tal como fue esbozada por Marx, predice que la automatización puede reducir el trabajo necesario a cantidades tan pequeñas que éste terminará siendo opcional. De acuerdo con esta teoría, las cosas útiles que pueden ser hechas con pequeñas cantidades de trabajo humano terminarán por ser gratis, compartidas y de propiedad comunal. Y así es.

La idea de la presencia de un postcapitalismo en curso surgió a raíz de estos notables desfasajes de la economía del conocimiento e intercambio donde el mercado (quizás útil para la fijación de precios en escasez) se muestra incapaz de cotizar bienes intangibles. Cuando Rifkin habla en La sociedad del coste marginal cero, del cambio de paradigma al pasar de consumidores a prosumidores es quizás demasiado optimista en pensar que, tan solo en un par de décadas, el actual capitalismo tardío se convertirá en un postcapitalismo. No fue que todos los romanos abandonaron la ciudad para irse al campo apenas vieron las huestes de Alarico. El paso de un sistema productivo esclavista a uno feudal fue a partir de un goteo constante de fugas de familias cansadas de vivir en el ya maloliente barrio de Subura (y otros barrios aún mas degradados) a un campo que prometía autosuficiencia alimentaria y un supuesto mejoramiento de la calidad de vida. Y ese proceso transicional duró bastante.

Lo cierto es que en el tardocapitalismo actual seguirán, y por un tiempo más o menos largo, las luchas intraclase entre el capitalismo industrial fordista y el capitalismo financiero por un lado (y se ve que va ganando este último) y entre la cultura gratuita y el capitalismo de servicios por el otro. En este último caso el campo de batalla se libra en los mecanismo de formación de precios en mercados de relativa abundancia (y es precisamente allí donde el revival de los teóricos del valor trabajo encontraron a los marginalistas con el paso cambiado y tropiezos tras tropiezos). Pero esta batalla se desarrolla a pesar (o por ello mismo) del solapamiento de ambos contendientes: He aquí al veinteañero profesor de pilates de mi madre y sus sonrisas cómplices cruzadas (servicios de demanda elástica) con mis ingentes capitales de pirateo informático e intercambio de bienes y servicios colaborativos con mis colegas millennials: Las fugas al campo de la gratuidad y la economía no lucrativa no requieren la presencia de espantapájaros de Alaricos. El hundimiento lento y constante de las clases medias que, en su desmedido (y tragicómico) afán de distanciarse de la plebs intentando mostrar marcas de enunciación propias de las altas y que, como efecto boomerang, las acerca a esas mismas plebs a las que desprecian en su fuero más íntimo, hacen el trabajo sucio pavimentando las carreteras al nuevo campo. Las nuevas relecturas de los Grundrisse no son, a este respecto, baladíes.

Esta página supone un pequeño empujoncito de hormiga al dinosaurio de la mercantilización de los bienes y servicios culturales. El esfuerzo lo considero válido no tanto por los resultados como por la fruición y el placer que ofrece contradecir el viejo pero falso adagio «lo barato sale caro» con otro más pertinente y personal: «lo gratis sabe mejor».

 

Lunes, 18 de abril de 2016

Patricio Reyes Copyleft Copyleft