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Nosotros, los amantes de Barbara Stanwyck

Ayer vi Clash By Night (1952, Fritz Lang) cuyo título en castellano varía de acuerdo a los países: Encuentro en la noche (España), Tempestad de pasiones (Argentina), Choque durante la noche (México), Desengaño (Venezuela). A su vez, los franceses la han titulado Le démon s’éveille la nuit (El demonio se despierta por la noche), mientras que los alemanes e italianos han sido mas neutros (Vor dem neuen Tag-Antes del nuevo díaLa confessione della signora Doyle). Los rusos han sido literales: Стычка в ночи, siendo que Стычка es también refriega, escaramuza.

TM3_319_1Ese variado campo semántico nos da una idea bastante certera sobre el tema de la película. Además, si sabemos que Barbara Stanwyck es la protagonista, tendremos unas expectativas muy específicas sobre lo que veremos: No es tanto a quién se cepillará esta vez la Stanwyck o cuánto destrozo causará sino el cómo.

Y ese cómo es fantástico. El reparto es muy bueno: Paul Douglas, co-protagonista, haciendo un papel que le sienta como un guante (grandullón, tosco e ingenuo pero sensible y amable como en A Letter to Three Wives, 1949, de Mankiewicz); Robert Ryan, como proyectorista de cine, divorciado, amargado, alcohólico, irascible, depresivo; es decir el típico macho duro que, como suele ser el caso, solo está desesperado por conseguirse una mami sustituta que lo salve de su naufragio personal; Marilyn Monroe, como obrera en una fábrica de conservas, en su papel de la típica chica bonita de pueblo, casadera pero nada ingenua al respecto, con algunas perlitas feministas en sus diálogos y calzada, en las primeras escenas, en unos jeans tan pertinentes para su rol como horripilantes para cualquier espectador post-Niágara (Hathaway, 1953).

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