Archivo de la categoría: Opinión

Cosodorokitsune de Shojoskip

Junto con My Dead Girlfriend y Asobi Seksu Citrus! ¡Qué álbum!) creo que es lo mejor del pop post-rock, en su vertiente shoegaze, de los últimos años. Esas guitarras minimalistas e hipnóticas a veces me parecen una cita directa de los Velvet Underground.

Cosodorokitsune (2012), un álbum exquisito.

1. Reciting Dawn After the Bonfire 0:00
2. Glory of the Snow 5:56
3. Kamome 10:10
4. Arisu 19:48
5. Light & Delight 26:15
6. Mitsubachi 32:42
7. Newspaper 36:23
8. Tedukurinotori 40:59
9. Makura 45:26
10. Calmly 53:38
11. Faba Bean Thought To Be Abstract 59:35

Original audio quality: 320 kbps

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Yasunari Kawabata: “Senectud, divino tesoro”

el-clamor-de-la-montana-yasunari-kawabata-webDespués de leer El clamor de la montaña (Yama no Oto, 1969) y La casa de las bellas durmientes (Nemureru Bijo, 1978) de Yasunari Kawabata, cualquier persona podrá estar segura que ese abuelito que le da de comer a las palomas en la plaza o aquel que te cruzas en el banco o en una manifestación antigubernamental, no tiene menos fuego en su interior que su atolondrada y hormonal nieta o su trepador y pedante hijo.

Shingo, el protagonista de El clamor de la montaña (o El sonido de la montaña, según las traducciones) tiene 63 años y una familia con la que no se siente a gusto, pero con una excepción: su joven y atractiva nuera; con ella se siente diferente y le hace rememorar un viejo amor, precisamente el de la hermana de su esposa, con quien no pudo casarse.

La vida de Shingo superficialmente fluye sin mayores contratiempos pero su vida interior es tumultuosa; su relación con Kikuko, su nuera, es tan fundamentalmente afectiva como sublimadamente sexual. Soledad en un entorno familiar árido donde su mujer (Yasuko) o sus hijos (la separada Fusako y sus pequeños hijos y el dilentante y mujeriego Shuichi, el esposo de Kikuko) poco tienen que aportar para Shingo cuya huida a su yo interior parece más bien una estrategia de superviviencia.

Este fluir de la conciencia de Shingo es bastante diferente al de la filosofía y estética occidental. No estamos en la dimensión de Bergson o Heráclito del nunca nos bañamos en el mismo río. La magdalena de Proust no es, precisamente, el modelo de excipiente que usa Kawabata para zambullirse en sus sueños eróticos o en sus fantasías diurnas. Shingo parece sumergirse en su propio mundo interno en un flujo de conciencia que también es un flujo de la naturaleza. Naturaleza siempre omnipresente en Kawabata y, en general, en la cultura japonesa. Flores, plantas, nubes, árboles, pájaros, el perro del vecindario, los pinos de Ikegami que Shingo ve desde el tren, el parque de Shinjuku al que va con Kikuko, todas las diversas formas de la naturaleza y sus estaciones parecen confluir en un mismo plano con el fluir de la conciencia del protagonista.

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Parque de Shinjuku

En la estética de Kawabata estamos en el anverso del ideal griego de belleza y perfección que es modelo por excelencia para los occidentales en tanto sujetos deseantes de alcanzar algún tipo de plenitud en un futuro ya sea este cercano o lejano, terrenal o supraterrenal, individual o político. En esta novela de Kawabata se hace presente los principios opuestos de este ideal griego: estamos en el terreno del wabi-sabi, aquel principio estético-social japonés que hace de la aceptación de lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto la piedra angular de toda construcción humana de la belleza. Nada dura, nada está terminado, nada es perfecto. La conciencia de estos principios de wabi-sabi parecen ser la base en la que reposan las reflexiones y la emocionalidad de Shingo.

la-casa-de-las-bellas-durmientes-webLa casa de las bellas durmientes (Nemureru Bijo, 1978) es una novela corta cuyos efectos en el lector son pregnantes y duraderos. El título hace referencia a una posada, una especie de lupanar de características muy especiales: solo dos habitaciones (recepción y dormitorio) donde los clientes son ancianos que se acuestan con una muchacha joven dormida (narcotizada) para dormir junto a ella toda la noche. La casa, regenteada por una señora de edad madura, tiene sus reglas: solo un anciano por noche, se les provee dos somníferos a los clientes para un mejor y plácido sueño, no debían hacer nada de mal gusto […] no debían poner el dedo en la boca de la muchacha ni intentar nada parecido.

Semejante argumento en manos de Kawabata se presta no precisamente a la sordidez (que podría ser el estilema en cualquier otro autor) sino más bien a algo aún más filoso: melancolía infinita, soledad profunda, reflexiones en torno a la belleza, la vejez, la juventud presente (al tacto) y juventud ya ausente (en la memoria).

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Gabriel Neale (1978-) Susana y los viejos

El regusto misógino y patriarcal adquiere visos de una decadencia otoñal soberbiamente frágil. Desde una perspectiva occidental, los cuerpos desnudos y dormidos de la posada a la que concurre el anciano Eguchi, son de una pasividad absoluta. Si pensamos en la pintura europea, la desnudez femenina es algo dado a ver para los que están vestidos, o por lo menos así lo ve John Berger siguiendo a K. Clark; es algo que implica siempre a un espectador como con la serie de Susana y los ancianos. En la casa de las bellas durmientes, la pasividad femenina y su reverso (la desnudez) se absolutiza al extremo. La diferencia de Kawabata con este tipo de pasividad femenina a lo occidental es que la misoginia de la pintura europea (desde la temprana iconografía del relato bíblico de Adán y Eva) se seba sobre la mujer de una manera cínica e hipócrita: Se pinta a la mujer desnuda para el propio deleite patriarcal pero cuando la pintamos, por ejemplo, con un espejo lo hacemos para obtener con ello la típica coartada moral estigmatizante: Es la “vanitas”.

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Tintoretto. “Susanna e i vecchioni” (1560-65). En el Museo Kunsthistorisches de Viena, Austria. 

La otra línea típicamente occidental del desnudo es la de la disponibilidad, una displicencia corporal entre prados o almohadones pero donde siempre la pasividad supone un espectador masculino quien, a su vez, será el comitente, el que encargó la pintura. Y nosotros, claro está, seremos figuras vicarias.

En realidad, leyendo esta soberbia novela de Kawabata, pensé más en los shungas del periodo Edo (pre-Meiji) y también pensé en el corpus fílmico de Ozu (y sobre todo de los personajes interpretados por uno de sus actores fetiches: Chishū Ryū). Los shungas son estampas japonesas de temática erótica-sexual propia del Ukiyo-e, xilografías que florecieron en el período Edo, entre el siglo XVII y mediados del siglo XIX (comienzo del periodo Meiji, en 1867).

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Shunga de Ishikawa Moronobu, principios de 1680.

Lo más destacado de las shungas es el carácter activo de la mujer y la explicitación del amor sexual desde una perspectiva gozosa. Es conocido que la preparación para el matrimonio en el Japón pre-Meiji, suponía una pedagogía de madres a hijas que contaba no solo con las estampas eróticas de las shungas sino también con libros de cabecera y pequeñas figurillas (fijas o móviles) llamadas netsukes, usadas al principio como fíbulas pero luego trabajadas como verdaderas piezas de arte, incluyendo lo que en Occidente se empezó a popularizar (hacia fines del siglo XX) como “consoladores”.

 

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OT-J-653-1Podrá parecer extraño a la mentalidad occidental que las madres niponas transmitieran a sus hijas enseñanzas explícitamente sexuales pero ello se llevó a cabo durante siglos, por lo menos en las clases acomodadas que podían adquirir dichos recursos pedagógicos. El inicio del periodo Meiji supuso, a la vez que una apertura de Japón al mundo, el inicio del capitalismo nipón al tiempo que la importación de vectores de moral puritana de raíz victoriana. Una idea que me gustaría con tiempo desarrollar y de la que aquí solo hago un breve apunte al modo de nota rápida es que Las bellas durmientes de Kawabata parecen ser una solución de compromiso entre el Japón de los shungas ukiyo-e y la moral Meiji. Me gustaría, en otro momento y con más tiempo, intentar confirmar o desechar dicha hipótesis.

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Chishu Ryu

Asimismo es casi seguro que leyendo al anciano Eguchi desde Kawabata veamos a cualquiera de los personajes interpretados por Chishū Ryū, el actor fetiche de Yasujirō Ozu, en su papel de abuelo en familias de complicados avatares vitales. Y es que Eguchi es un perfecto equilibrista entre la tensión de una misoginia occidental y un tradicionalismo japonés que en nada es deudor de la moralidad puritana que los Meiji hubieron de importar de Occidente.

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Yukio Mishima

Párrafo aparte merece la nota introductoria de Yukio Mishima a La casa de las bellas durmientes en la que el autor de Confesiones de una máscara destaca la perfección formal de la obra de quien fuera su maestro y mentor. Una perfección que da cuenta de la relación entre el erotismo y la muerte, mediados por el lirismo detallista propio de Kawabata. La fililación de Mishima con esa eroticidad máxima, tradicionalismo extremo y coartadas morales es una de las tantas derivas que el torturado discípulo supo extraer de su destacado maestro. Fascinado por Kawabata (ganador del Premio Nobel en 1968) también estuvo Gabriel García Márquez, bajo cuyos influjos escribió Memorias de mis putas tristes (2004).

N. Patricio Reyes C.

La trilogía proletaria o las tres lógicas de Aki Kaurismäki

En 2017 tuvimos con Kaurismäki dos noticias. Una mala y otra buena. La mala se refiere a la amenaza del cineasta de dejar de filmar. La buena se refiere a la amenaza del cineasta de dejar de filmar. Me explico. Kaurismäki es quizás uno de los más originales y creativos cineastas europeos de nuestro tiempo y sería una verdadera pena que dejara de filmar y, por eso mismo, sorprendernos. Es cierto, el director finlandés ya profirió amenazas similares en el pasado y, por lo tanto, no habría porqué creerle que ahora las cumplirá.

Mi fundamentación en referencia a que si Kaurismäki dejara de filmar sería una buena noticia es frágil, lo sé, pero pertinente. Mi núcleo argumentativo es que recién cuando tenemos la obra acabada de un autor podemos construir cabalmente la significación o significaciones de su creación y no antes. Lógicamente, habrá múltiples lecturas desde muy variadas perspectivas pero todas, he aquí la cuestión, podrán contar con la obra total y no parcial del autor. Por ejemplo, la comprensión y el aprecio de Mondrian se darán de una mejor manera en forma retrospectiva a partir del Mondrian tardío ¿Qué pasaría si dejáramos de lado su serie neoyorkina de sus últimos años, sus jazzistas Boogie Woogie? Lo mismo sucede con los últimos seis cuartetos de Beethoven, de 1825 y 1826, cuya luz se proyecta hasta bien entrado el siglo XX con un Stravinsky o un Bártok como muestras. Y ello sin hablar que la cabal comprensión de esos cuartetos se dará, no por sus contemporáneos (con la excepción de Schubert), sino décadas después. En definitiva, hasta que un creativo no acaba su derrotero estético (por muerte, jubilación, cambio de actividad, cansancio, etc.) todo análisis de su creación es un work in progress, provisional y contingente. Por todo ello, y si tomáramos la amenaza de Kaurismäki en serio, es hora de revisar sin descanso, su obra completa.

Kaurismaki-Lógicamente, para entrar a Kaurismäki lo podemos hacer desde múltiples perspectivas (estéticas, sociológicas, psicoanalíticas, etc.) utilizando, a su vez, diversas categorías o agrupamientos o géneros: cine finlandés, cine nórdico, cine alternativo, tragicomedias, humor nórdico, cine-música, cine social, etc. La originalidad en el cine de Kaurismäki hace que sea difícil su encuadramiento en términos de género (drama, comedia, musical, social, etc.) aún sin tomar en cuenta las múltiples dificultades epistemológicas que tienen, aún hoy, teóricos y críticos para definir y demarcar los géneros y que ya señalaba Tomashevsky hace casi cien años: Ninguna clasificación lógica y sólida de los géneros puede establecerse. Su distinción es siempre histórica, es decir, justificada solo para una época dada. Además, esta distinción se formula simultáneamente por diversos rasgos, que pueden ser de una naturaleza enteramente diferente entre un género y otro. Al mismo tiempo, continúan siendo compatibles entre sí, porque su distribución obedece sólo a las leyes internas de la composición estética.

Tomashevsky, Tinianov o Bajtin hubiesen estado encantados con su vecino finlandés por los problemas que su cine plantea al encuadramiento genérico. Esa dificultad taxonómica es lo que quizás forma parte del atractivo que nos genera el cine de Kaurismäki, especialmente para los paladares que huyen del convencionalismo.

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Tiresias, la izquierda, la foto y algunos intelectuales

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Lo primero que me vino a la mente luego de leer el documento “crítico” de un grupo de intelectuales argentinos sobre el gobierno de Macri fue Tiresias, el célebre adivino de la mitología griega. Tiresias, hombre sabio y adivino, tenía una particularidad destacada: era ciego. Sin embargo, aunque ciego, era el que “más veía”. El documento se llama “Hacia una caracterización del gobierno de Cambiemos. La ampliación del horizonte punitivo y los derechos humanos” y está firmado por destacados intelectuales (Gargarella, B. Sarlo, etc).

En mi humilde opinión, es un documento bastante lavadito, bastante light que apunta a señalar que los actuales títeres (el contrabandista de autos y su pandilla) son malos y, de paso, destacar que los pasados títeres (la empresaria hotelera antiabortista y su pandilla) no fueron buenos. En el camino queda un “pequeño detalle” innominado: Que lo importante no son tales títeres sino los titiriteros y eso, en mi barrio, tiene un nombre: estructura capitalista que, traducido al lenguaje también barrial, se llama: mafias patronales y sus felpudos de la burocracia sindical, bandas delictivas estatales cada vez más desatadas y más impunes, un entramado mediático-empresarial claramente fascista, una casta judicial obscena en su connivencia con el poder, un régimen patriarcal ignominioso, entre otras lindezas que trascienden las contorsiones de los títeres en el escenario. De esos hilos y esos titiriteros, mutis por el foro.

La foto que encabeza el documento (en el blog de Gargarella) fue lo que más me llamó la atención y fue lo que me remitió, como un flash, a Tiresias. Si Lacan decía que el inconsciente se estructura como lenguaje, aquí deberíamos poner una addenda para completarlo que dijera “como lenguaje fotográfico”.

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“Armadale” y “petit armadale” de Wilkie Collins

ArmadaleImagínate a Lady Macbeth o a la madrastra de Cenicienta o a Medea o a alguna manipuladora similar escribiendo un diario. Bueno, en “Armadale” tenemos eso y muchísimo más. Lydia Gwilt es, quizás, una de las más fantásticas malvadas que haya producido la literatura inglesa. Su diario, sus cartas y las acciones narradas por el genial Wilkie Collins convierten a este personaje en una figura arrolladora que crece página a página casi en desmedro de quienes parecían que iban a ocupar el estrellato: Armadale y Midwinter.

“La dama de blanco” y “La piedra lunar” son las dos obras maestras de Collins según los entendidos. Sin embargo, “Armadale” debería figurar en pie de igualdad con estas, sino por su trama, por lo menos por el perfecto cincelamiento de nuestra Gwilt, cuyos vericuetos emocionales y sentimentales ganan en profundidad lo que las otras dos novelas ganan en complejidad narrativa.

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Las carnes ligeras de la estrategia

Si una palabra ha sido zarandeada, llevada y traída de aquí para allá es la palabra “estrategia”. Desde las fuerzas políticas de izquierda suele ser común escuchar “se hace necesario hacer un debate sobre estrategia”.

Tales debates suelen plantearse generalmente en los términos de desvío, de carencia o de confrontación. En el primer caso, el desvío estratégico, se achaca al contrincante interno que su estrategia está mal planteada, está desviada, o torcida y, por ende, conducirá al fracaso o, peor aún, desvirtuará ideológicamente el sentido del proyecto político. Los debates interminables sobre el “frente único”, “golpear-juntos-marchar-separados”, “entrismo”, “centrismo”, “parlamentarismo” suelen pivotear sobre este asunto del desvío en base a una supuesta estrategia paradigmática, modélica o canónica.

El segundo problema, la falta de estrategia, suele convertir a los políticos en una suerte de sujetos culpógenos: “Hemos tenido problemas porque nos faltó una estrategia adecuada para llegar al electorado obrero”. Algo así como una argumentación exculpatoria de una ausencia clara de un proyecto estratégico concreto de dónde ir, para qué y, sobre todo, cómo hacerlo.

Sin embargo, el debate más sustancioso o de mayor vuelo intelectual se da cuando a la problemática de la estrategia se la suele ningunear desde un pensamiento espontaneísta o antiestratégico. Es ahí donde la intelectualidad pro-estratégica saca a relucir sus mejores armas teóricas para combatir a esta nueva encarnación del mal, es decir, aquel pensamiento que considera a las cuestiones estratégicas como un atavismo racionalista que poco tiene que ver con el sentido autoguiado que las masas darán a la revolución cuando esta se halle próxima.

Este último debate suele darse en los términos de un perfecto diálogo de sordos donde cada uno de los contrincantes argumenta en contra del otro con una variadad de afirmaciones autovalidadas pero sin posibilidad de falsación epistemológica alguna. En estos casos, la contundencia argumental suele ser directamente proporcional a la sordera de los contendientes.

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Bonus Ozu

ozuAyer me llamó el Secretario General de las Naciones Unidas. La conversación fue breve y conminativa. Me dijo que, visto el rotundo éxito de mis galletitas de avena entre los miembros del Comité Internacional de Evaluación del Arca, me permitirían un bonus categoría 3; es decir, me autorizaban a ofrecer una sugerencia sobre cualquier cosa que pudiera ser útil para la humanidad una vez que el Arca encontrara un nuevo planeta donde establecerse.

-Bueno, déjeme pensarlo, le dije.
-Déjese de tonterías Sr. Reyes, me respondió, no hay tiempo, en 65 días el Royi-27 impactará sobre la Tierra.
-¿Puede ser sobre cualquier cosa? -Sí, contestó.
-Bueno, les sugiero que lleven la filmografía completa de Ozu.
-¿Quién es ese?
Y ahí estallé: -¿¡Qué quién es ese!? ¿¡Y usted está a cargo de la evacuación de la humanidad!?
-Déjese de politiquería barata, sr. Reyes, y mándeme por wasap los fundamentos de porqué “ese” Ozu debería ocupar espacio en el Arca.
-No uso wasap.
-Vaya, vaya, el sr. alternativo no usa wasap. ¿Y cómo se comunica sr. Reyes?
-Bueno, no es un tema que a usted le concierne y, además, creo que en 65 días mis contactos y yo mismo -pero NO USTEDES- estaremos algo chamuscados, calcinados más bien.
Le doy 24 horas para que aproveche su bonus categoría 3 y nos lo envie bien fundamentado a nuestro correo electrónico. Y colgó.

Hasta hace unos minutos estuve redactando mi fundamentación. Puse algo de su técnica fílmica, su angulación particular, sus ejes dislocados, sus historias de las clases medias y populares del Japón del siglo XX, de sus mujeres, de Noriko (¡Oh, Noriko!), del amae en las relaciones familiares, del zen. Plagié de manera artera a Richie, a Bordwell, a Schrader, a Burch, a Sato, a Wenders, a Kiarostami.

Reflexioné un poco mejor y no me arrepiento de haber apretado la tecla Delete a lo que ya había escrito. Saqué del horno mis galletas de avena con chips de chocolate (cuya receta ahora tendrán esos cabrones) y me dispuse a ver mi propio bonus categoría 3 esperando a Royi-27.

 

N. Patricio Reyes

Filmografía de Yasujirō Ozu: https://wp.me/p7rDzl-21m

Djam + Rebétiko

Exilio, migraciones forzadas, fascistas, banqueros voraces y nostalgias lacerantes tienen un lado flaco, un punctum, un punto ciego desde el cual pueden verse en su totalidad y, por ende, propiciar su disolución, su tan necesaria licuación. Ese punto ciego es, nunca dejó de serlo, el arte. De eso trata Djam, película cuyo pre-estreno pude ver en la Alianza Francesa.

Rebétiko, ese género musical, desarrollado por los griegos expulsados de Turquía en los tiempos de Ataturk, es lo que circula profusamente en Djam, la excelente película de Tony Gatlif en la que se narra las andanzas de Djam, una irreverente joven griega residente en la isla de Lesbos, que debe buscar una biela de barco a Estambul a pedido de su padrastro Kakourgos. Allí conoce a Avril, una joven francesa perdida en la ciudad, luego de una fracasada tentativa de ir a Siria a ayudar a los refugiados.

El viaje, como todo recorrido que merezca ese nombre, es un viaje externo pero también interno, de autodescubrimiento y de toma de conciencia de una realidad que golpea por todas partes y en todo momento. Pero está el rebétiko, esa música parecida al tango o al blues (de origen marginal, que canta amores trágicos, la vida dura, la prisión, el hachís, etc.), con la que se podrá conjurar los demonios y hasta quizás vencerlos.

Excelentes interpretaciones de Daphne Patakia (Djam), Simon Abkarian (Kakourgos) y Maryne Cayon (Avril) en los principales papeles.

N. Patricio Reyes C.

Desamor, de Poulenc a Björk

Ayer, sábado 4 de noviembre de 2017, asistí a una bellísima ópera de cámara en La Cúpula del CCK, “La Voix humaine” (1959) de Francis Poulenc con libreto de Jean Cocteau y basada en la obra de teatro homónima de este último. La mezzo Vera Cirkovic realmente se lució tanto a nivel vocal como actoral en una obra donde la interacción corporal con el aparato telefónico y los almohadones -lo duro y lo blando- hizo que lo minimalista de la puesta (la régie estuvo a cargo de un lúcido Alejandro Cervera) potenciara la obra al máximo. Nunca mejor dicha la afirmación propia de los diseñadores gráficos “Menos es más”. El pianista griego Dimitri Vassilakis merece palabra aparte. Además de una perfecta interpretación (para comparar solo basta un par de clics en youtube) se notaba una absoluta integración con la parte vocal-actoral. Un verdadero lujo haber escuchado a este excelente pianista.

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La mezzosoprano Vera Cirkovic en “La Voix humaine” (1959) de Francis Poulenc

La obra que habla del desamor nace del desamor. Cuando el parisino Francis Poulenc tiene en 1957 una ruptura amorosa con Louis Gautier (un joven soldado) decide musicalizar una obra de teatro de su amigo Cocteau que había sido estrenada en 1930. “La voz humana” es un dramático monólogo de una mujer al teléfono hablando con su amante quien la abandona por otra mujer. La pieza le venía como anillo al dedo al compositor quien ya venía vapuleado en términos amatorios: En los brazos del soldado Louis Gautier había encontrado algo de solaz luego de la muerte de su amante Raymond Destouches en 1955.

Cuando Poulenc termina su composición para soprano y piano (escrita para ser interpretada por la cantante Denise Duval) Cocteau queda maravillado. La obra se estrena en París en febrero de 1959.

La pieza es desgarradora y es imposible no sentirse identificado con la protagonista. Me hizo acordar al último y uno de los mejores trabajos de Björk, Vulnicura (2015), un álbum también nacido del desamor y la ruptura de la gran creativa islandesa con su amante. Y sobre todo de la fantástica (en el doble sentido: de buenísima y de fantasy en su video musical) Notget. Asimismo se agolpaban en mi pequeño cerebro millones de otras piezas musicales y literarias con la misma temática, pero NotgetFragmentos de un discurso amoroso de Barthes (el referido al amante y el teléfono, La espera) fueron las que acudían con más fuerza.

Ya sabemos que el “mal de amores”, las rupturas amorosas y los vericuetos dolorosos del amor forman parte del paisaje habitual de los artistas y creadores que nos proporcionan al resto de los mortales una guía, una cartografía sublimada y consoladora al susurrarnos al oído: “Recuerda…no estás solo/a en este barco”. En el momento del naufragio esas palabras nos sabrán a poco, pero luego de habernos agarrado al madero, en medio del brutal oleaje y llegar a alguna isla (si es que llegamos) podremos recordarlas y agradecerlas.


N. Patricio Reyes C.