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Las carnes ligeras de la estrategia

Si una palabra ha sido zarandeada, llevada y traída de aquí para allá es la palabra “estrategia”. Desde las fuerzas políticas de izquierda suele ser común escuchar “se hace necesario hacer un debate sobre estrategia”.

Tales debates suelen plantearse generalmente en los términos de desvío, de carencia o de confrontación. En el primer caso, el desvío estratégico, se achaca al contrincante interno que su estrategia está mal planteada, está desviada, o torcida y, por ende, conducirá al fracaso o, peor aún, desvirtuará ideológicamente el sentido del proyecto político. Los debates interminables sobre el “frente único”, “golpear-juntos-marchar-separados”, “entrismo”, “centrismo”, “parlamentarismo” suelen pivotear sobre este asunto del desvío en base a una supuesta estrategia paradigmática, modélica o canónica.

El segundo problema, la falta de estrategia, suele convertir a los políticos en una suerte de sujetos culpógenos: “Hemos tenido problemas porque nos faltó una estrategia adecuada para llegar al electorado obrero”. Algo así como una argumentación exculpatoria de una ausencia clara de un proyecto estratégico concreto de dónde ir, para qué y, sobre todo, cómo hacerlo.

Sin embargo, el debate más sustancioso o de mayor vuelo intelectual se da cuando a la problemática de la estrategia se la suele ningunear desde un pensamiento espontaneísta o antiestratégico. Es ahí donde la intelectualidad pro-estratégica saca a relucir sus mejores armas teóricas para combatir a esta nueva encarnación del mal, es decir, aquel pensamiento que considera a las cuestiones estratégicas como un atavismo racionalista que poco tiene que ver con el sentido autoguiado que las masas darán a la revolución cuando esta se halle próxima.

Este último debate suele darse en los términos de un perfecto diálogo de sordos donde cada uno de los contrincantes argumenta en contra del otro con una variadad de afirmaciones autovalidadas pero sin posibilidad de falsación epistemológica alguna. En estos casos, la contundencia argumental suele ser directamente proporcional a la sordera de los contendientes.

Desde el arte, el aporte que podemos dar al respecto es el de siempre: sesgar, mirar al bies, el extrañamiento (ostranénie, остранение): hacer extraño lo habitual y habitual lo extraño, o cierto distanciamiento en el sentido brechtiano. Y, habiendo tomado la distancia adecuada, salir corriendo hacia el problema con la paleta de colores, llegar, manchar un poco las cosas, cadenciar y bailar sobre ellas y repensar los resultados. Hemos intentado hacer algo de eso, y lo que queda de todo ello lo hemos dado en llamar metaestrategia, un término espantosamente petulante pero que simplemente quiere decir que hay vida más allá de la estrategia y también de su negación. Para ello hemos recurrido a otros colores, a otros sabores, a otros sonidos. Pero empecemos por la susodicha, por la prima donna.

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Clístenes

Strategia. El stratēgós era el general de un ejército o al comandante en jefe de las fuerzas terrestres, de acuerdo a la reforma de Clístenes en la Época Arcaica, hacia el 500 A.C. que es cuando aparece el término. La strategia es el arte de dirigir ejércitos (stratós, ejército; ago, dirijo; –ia, sufijo que sustantiviza una palabra anterior). Sin embargo, el término parece ampliarse a la idea de plan, esto es: la disposición de recursos en el tiempo y en el espacio para realizar ciertas tareas y acciones que permitan alcanzar ciertos objetivos. Estos dos aspectos (como arte y como plan) parecen solaparse entre sí en los hechos pero, sin embargo, es necesario distinguirlos. Veamos el ejemplo del Plan continental de San Martín en su campaña libertadora independentista desde Mendoza hacia Chile y Perú. Según indican los historiadores dicho plan estratégico surgió de conversaciones entre San Martín y Tomás Guido quien le enseñó el llamado Plan de Maitland, un plan elaborado por el general escocés Thomas Maitland en el año 1800, llamado originalmente “Plan para capturar Buenos Aires y Chile y luego emancipar Perú y Quito” y que tuvo que ser archivado luego del fracaso de las invasiones inglesas en los años previos de la Revolución de Mayo. Pues bien, aquí tenemos los dos aspectos: el componente racional, de planificación sobre el papel en referencia al qué hacer, con qué hacerlo y cómo y cuándo; y un componente directivo, de ejecución.

Phrónesis. Es quizás el pariente más próximo y más desconocido de su “Majestad, la Estrategia”. En palabras de Aristóteles, es la sabiduría práctica abocada a la transformación tanto del sí mismo como de la realidad externa a través de artes y técnicas. Es lo que los romanos traducían como “prudentia”. El phrónimos, el sujeto de la phrónesis, realiza una doble operación: por un lado, aplica lo universal a lo singular y, por el otro, va de lo teórico a lo práctico. En el primer caso se trata de poder vincular lo uno a lo otro o, dicho de otra manera, relacionar “la vida feliz” con lo muy concreta praxis de “resistir valerosamente los ataques de Aquiles al pie de las murallas de Ilión”. En el segundo caso, Aristóteles nos da el ejemplo de lo saludable de las carnes ligeras: “Si alguien supiese que las carnes ligeras son de fácil digestión y saludables, pero ignorase cuáles son las ligeras, no produciría la salud, sino que más bien las produciría el que supiese que la carne de las aves es saludable. La phrónesis, por tanto, es práctica; así que es preciso poseerla en lo general y en lo particular, y más bien en esto último”.

La problemática de las “carnes ligeras” es quizás una de las cuestiones más candentes en relación a la acción política por parte de la izquierda pero también del feminismo, el ecologismo, el movimiento de derechos humanos, etc. Toda la teoría de la praxis (de las Tesis sobre Feuerbach a Dialéctica de lo concreto de K. Kosik) tiene que ver con esta degustación saludable de carnes ligeras. El reproche de Perry Anderson en relación al refugio académico por parte del marxismo occidental tiene aquí su base y es casi un calco que lo que sostenía el estagirita: “La phrónesis no es tampoco sólo de lo universal, que debe conocer las circunstancias particulares, porque se ordena a la acción, y la acción se refiere a las cosas particulares. Por ello es por lo que algunos que no saben son más prácticos que los que saben”.

Ahora bien ¿Cuál sería la diferencia entre el phrónimos y el strategos? A primera vista, parecieran ser personajes similares pero la distinción conceptual entre ambos podría establecerse sobre algunos aspectos para la acción política: mientras que el strategos lleva un plan racional previamente diseñado que deberá ejecutar, el phrónimos parece libre de tal carga, solo parece contar con una particular habilidad de vincular lo universal con lo singular y lo teórico con lo práctico. Aunque Aristóteles no lo aclara demasiado, pareciera que el phrónimos puede combinar los elementos racionales con cierta sensibilidad o intuición. La phrónesis no requiere de un plan previo, requisito indispensable en la estrategia.

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Lenin llega a Petrogrado

Quizás uno de las cuestiones más interesantes para plantear es el caso de las Tesis de Abril y proponer una hipótesis arriesgada: la de un Lenin más phrónimos que strategos o, para ser más exactos, las Tesis de Abril como el momento phrónesis de un strategos consumado. Quizás con ello podríamos ir saldando el supuesto viraje o rearme estratégico de una manera epistemológicamente más acabada: como si Lenin ajustara con una intensa phrónesis reflexiva los desajustes que la estrategia extremadamente titubeante de la dirigencia bolchevique ante el gobierno provisional iba dejando día a día. Un Lenin phrónimos conviviendo con un Lenin strategos permitiría, quizás, entender lo que pasó en esos meses frenéticos.

Sýnesis. El strategos es una persona que calcula mientras que phrónimos es el que razona. La distinción es sutil pero importante. Sin embargo ambos tienen algo en común: son deliberativos, procesuales y requieren ingentes esfuerzos mentales. Hay una categoría analítica que, sin dejar de ser intelectiva, no es tan deliberativa sino que es “rápida”, es la sýnesis, que significaría la rápida captación de si una acción está de acuerdo con lo que podríamos llamar la “ley universal”, algo así como el principio o principios que rigen un accionar político determinado.

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Gadamer (1900-2002) entenderá y retomará la sýnesis aristotélica como comprensión (Verstehen).

Sería la rápida captación de si una acción está de acuerdo con la “ley universal”, entendida esta como el principio o principios que rigen el accionar político. Para distinguirlo del phrónimos y del stratego, diríamos que el “sinético” juzga (y además rápidamente) mientras que el phrónimos razona y el strategos calcula. Los dos últimos son necesariamente deliberativos, procesuales y requieren esfuerzos mentales. El phrónimos estudiará los fundamentos de una acción, sus pros y contras, sus consecuencias y sus resultados, intentará mantener la cabeza fría para no ser sacudido por la hýbris, por las pasiones; el strategos deliberará sobre las tácticas, las tareas pendientes, sus vinculaciones, la consecución y los posibles retrasos en el tiempo, los recursos necesarios y su empleo, en definitiva: estará calculando siempre. El synetoi, el sinético, el “comprendedor” y “penetrante” (eusynetoi) no aplica un acto discursivo deliberativo sino que posee una intelección inmediata de la acción. El synetoi es rápido en aquellas materias que se prestan a la perplejidad, la confusión y la deliberación. Es el que da el chispazo de la reflexión justa, por eso es comprensivo en el sentido de comprender rápida y penetrantemente la materia sobre la que se delibera.

Anchínoia. La viveza mental (anchínoia) implicaría acertar rápidamente una secuencia lógica determinada. Muy similar a la sýnesis, la podríamos distinguir de esta, haciendo un uso heterodoxo del término sobre el cual Aristóteles apenas dejó un par de párrafos en los Analíticos Posteriores (I, 38), en que mientras la rapidez de la sýnesis está referida a la adecuación de una acción entre lo universal y lo singular, la de la anchínoia se refiere a cualquier materia en la que se presenta una secuencia lógica de acontecimientos. Volvamos a Lenin. El haber decidido el viaje en tren a Finlandia era una verdadera locura, la posibilidad de estar en esa lata de sardinas sellada a cal y canto durante un buen tiempo era un riesgo altísimo. Cualquier mortal con dos dedos de frente hubiera desechado semejante riesgo y optado por una solución menos arriesgada y más racional. Podríamos plantear, como hipótesis, que Lenin, con un caudal importante de anchínoia, optó por una solución tan descabellada como eficaz. No hubo estrategia en esa decisión, tampoco sýnesis: hubo anchínoia en estado casi puro.

Euphýa. Se refiere al talento natural en el arte de encontrar o captar metáforas. Como dice Aristóteles en la Poética: […] “pero lo más importante con mucho es dominar la metáfora. Esto es, en efecto, lo único que no se puede tomar de otro, y es indicio de talento (euphyía); pues hacer buenas metáforas es contemplar (theorein) las semejanzas”. Si bien Aristóteles no se explaya al respecto podemos colegir que, para él, esa capacidad para “contemplar semejanzas” a través de metáforas no es tanto una capacidad aprehendida como un talento natural. La acción política está llena de actores que se han servido de metáforas que han calado profundo en el imaginario social y provocado cambios sociales de mayor o menor amplitud. Por ejemplo, la metaforización de María Antonieta en el contexto de la Revolución Francesa, una figura que enardecía, en su contra, a las masas populares o la caracterización del gobierno macrista argentino como “gobierno de los ricos”, etc. Quedarían pendientes dos temas: el primero, la elucidación de si es una capacidad innata o aprendida en una línea más o menos homóloga a la de la polémica estética entre el Fedro de Platón y El cuervo de Poe (la belleza viene de las musas y el artista es un simple transcriptor versus el artista es un ingeniero que suda la gota gorda y llega a plasmar su creación como quién construye un puente). La segunda cuestión, muy unida a la anterior, es cuánto de intuición inmediata (y no tanto deliberación discursiva) tiene la euphýa. Quizás este último punto lo podríamos dilucidar en comparación con otra capacidad clásica que veremos a continuación.

 

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Euphýa latinoamericana

Parádeigma. Para Aristóteles era la inferencia o inducción retórica. Aquí el argumento por paradigma se inferirá de un particular otro particular. Aristóteles en Retórica da un ejemplo político de parádeigma: […] “como cuando se prueba que Dionisio intenta la tiranía pidiendo una escolta, pues también antes Pisístrato al intentarla pedía una escolta, y habiéndola conseguido, se hizo tirano, y Teognes en Megara, y otros que se conocen; son todos estos paradigmas respecto a Dionisio, del que no se sabe aún si por eso la pide. Todos estos casos quedan bajo el mismo universal de que el que intenta la tiranía pide una guardia personal”. Los debates políticos sobre los cursos de acción a seguir, las estrategias a aplicar o los diagnósticos a realizar son las materias privilegiadas de esta capacidad política. Quizás la ejemplificación más acabada y sintética de parádeigma es un texto de Trotsky del año 1932 (“El bonapartismo alemán”) publicado en el Biulleten Oppozittsii, n.º 32, diciembre de ese año.

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L. Trotsky en Copenhague (noviembre 1932). Fotografía de Robert Capa.

Allí, Trotsky hace una muy interesante reflexión sobre la categoría analítica de bonapartismo comenzando desde su génesis en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Su análisis se refiere al gobierno de Papen y su reciente elección, pero condimentada con referencias a Bismark y a Napoleón I. Trotsky no tiene pruritos de corregirse a sí mismo al caracterizar al anterior gobierno de Brüning como de proto-bonapartista dado lo que vino después con Papen-Schleicher: “Antes habíamos caracterizado el gobierno de Brüning como bonapartista. Luego, retrospectivamente, redujimos la definición a la mitad, como prebonapartista”.

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Franz von Papen

El artículo de Trotsky es una acabada y perfecta ejemplificación del parádeigma aristotélico. Comparando parádeigma con la euphýa podríamos colegir que la primera es más deliberativa, tal como puede verse en el encadenamiento de razonamientos de Trotsky en el texto citado, mientras que la euphýa pareciera ser más intuitiva o “artística”. De allí que los ilustradores, cómicos o fotógrafos sean los que captan de manera inmediata el sentido último de un gobierno o una política mediante metáforas visuales o léxicas. Son esas fotografías o chistes o dibujos que dan, exactamente, en el clavo.

Euboulía o la corrección en la deliberación es una capacidad que los helenistas han rastreado hasta la Ilíada de Homero. Sin embargo no es una simple deliberación correcta sino que es aquella que arriba a un buen fin. Es la excelencia en la deliberación sobre los medios para alcanzar un fin de manera exitosa. Parece tener una prevalencia sobre la strategia en la medida en que esta última sería una parte de aquella, al tratar de disponer los medios para la consecución de unos objetivos parciales, esto es, militares. Inclusive está por encima de la sabiduría práctica o sagacidad (deinótes). La euboulía sería una óptima relación entre la phrónesis y la areté (virtud). Quizás podríamos concluir que la euboulía sería el compendio de las varias habilidades que hemos detallado, incluyendo, claro está, la strategia.

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Salvator Rosa (1615 – 1673) Demócrito (centro) y Protágoras (derecha). Museo Hermitage, San Petersburgo.

El siempre perspicaz Alexandre Koyré incluso llegó a identificar a la euboulía con la ciencia del gobierno, retomando el sentido clásico que Platón daba a la enseñanza de la euboulía por parte del sofista Protágoras: la administración de la casa y de la ciudad, es decir, enseñar para ser el más capaz para hablar y obrar en relación con la polis.

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Como vemos, estas múltiples capacidades o habilidades en la acción política hacen que el asunto de la centralidad de la estrategia en la misma pueda ser, con razón, cuestionado. Digamos que estas hermanas “pobres” van a la casa paterna de la acción política a reclamar iguales derechos que su hermana privilegiada intentando acabar con la primogenitura de ésta.

Quizás la pregunta pertinente sería aquella que de cuenta históricamente de la primogenitura de la estrategia por encima de sus hermanas. Tengo una hipótesis al respecto que me gustaría describir. Creo que el nacimiento, auge y decadencia de la estrategia como paradigma se relaciona con el ejército napoleónico y la leva en masa. No es que antes no haya existido la estrategia sino que no se planteaba como problema. Podríamos homologarlo con esa idea tan creativa que decía que el “hombre” (como ser humano) recién nació en el siglo XVIII con Kant en la medida en que a este se le ocurre preguntar “¿Qué es el hombre?”.

La idea central del ejército napoleónico tuvo una duración de 150 años más o menos: Desde principios del siglo XIX hasta el final de la segunda guerra mundial, a mediados del siglo XX. A partir de entonces, la leva en masa empieza un clamoroso declive para ser sustituido por un complejo militar-industrial que da vuelta como un calcetín la idea de la guerra: esta pasa a ser un nicho de mercado como lo puede ser la venta de pañales descartables, pero con productos un poco más caros, mas peligrosos y no tan tiernos. Lógicamente, el entrelazado de lo industrial y lo militar viene de un tiempo antes y, si somos puntillosos, podríamos hablar del uso del ferrocarril en la guerra de Secesión estadounidense como el primer antecedente del uso de infraestructuras industriales, más allá de la fabricación en serie de fusiles y cañones.

150715004_1-webA fines de la segunda guerra mundial, la estrategia, en tanto paradigma, es tomada por el mundo de los negocios. Ello sucedió a partir de la publicación de un importante libro de dos economistas y matemáticos, von Neumann y Morgenstern quienes crean la teoría de los juegos donde la estrategia es un aspecto central (“Theory of games and economic behaviour”, 1944). A partir de entonces se produjo un fenomenal crecimiento de estudios, teorías, escuelas y recetas prácticas para que, desde el almacén del barrio hasta un gigante multinacional, todos piensen en términos “estratégicos” para sobrevivir y desarrollarse en la “guerra cotidiana” de los negocios.

Por el lado militar, el Moisés de la estrategia, von Clausewitz, empieza a ser cuestionado y sus leyes, grabadas sobre la dura roca de la tradición, empiezan a ser borroneadas. Liddell Hart, un joven y lúcido capitán británico debido a sus serios problemas de salud pasa a la vida civil en 1927 (a los 32 años) y continúa con una prolífica producción teórica sobre temas de estrategia, algo que ya venía haciendo cuando vestía uniforme. Liddell Hart será el principal matizador o desmontador de las ideas de Clausewitz, introduciendo algunos conceptos novedosos: guerra acorazada, estrategia indirecta, la diferencia entre estrategia y gran estrategia, dislocación del enemigo, etc.

liddel-hartLa idea central de Liddell Hart era sencilla pero contundente: Las campañas estratégicas de la historia que han sido más exitosas y productivas han sido aquellas en las que han cumplido sus objetivos sin grandes enfrentamientos. Únicamente seis de las doscientas ochenta campañas de las doce principales guerras europeas (hasta 1914) y que había enumerado y estudiado, han evidenciado un resultado decisivo a continuación de una batalla importante que ponía fin a la campaña. Resultados mucho más decisivos habían sido obtenidos por medios “indirectos” y con mucha mayor economía.

Las ideas de Liddell Hart, quizás sin proponérselo el autor, iban más allá que las simples recomendaciones militares: iban al centro de la cuestión. La guerra es una cuestión de disuación y, por lo tanto, de allí al comercio armamentístico hay un solo y minúsculo paso. Los capitalistas (privados o de estado, en plena Guerra Fría) estaban felices: habían obtenido de los militares una oferta 2×1: teoría de estrategia + negocios redondos a cuenta del poder de compra de los estados. Para ello se debería contar con la materia prima infaltable, la harina con la que hacer el pan, es decir, poblaciones convenientemente asustadas con los espantapájaros de toda la vida, pero revestidos con nuevas confecciones: el enemigo externo y/o interno que estará dispuesto a comerse a tus hijos si no estás lo sufientemente precavido y, por supuesto, convenientemente armado.

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Gordon Gekko (Michael Douglas)

Mientras tanto, las universidades y centros de estudios ligados al empresariado y las finanzas estallan en cursos y programas sobre estrategias corporativas. A partir de los años setenta del siglo XX los jovenzuelos Gordon Gekko sabrán al dedillo las enseñanzas de von Clausewitz, Sun Tzu, la trinidad americana de Lee-Grant-Sherman, pero también (a partir de los noventa) las estrategias revolucionarias de Lenin, Mao y el foquismo de Guevara, ahora estudiadas como piezas arquelógicas por aquellos Patrick Bateman (el psicopático ejecutivo de la novela de Ellis) con pretensiones intelectuales. Todo ese rico y proteínico batido académico sería bien servido en la mesa de los insaciables accionistas que solo quieren ver subir las ventas y expandir negocios.

Si bien la estrategia era la estrella temática en el último cuarto del siglo XX, ello no era óbice para que, paralelamente, se constataran resonantes y repetidos fracasos en su prospectiva y ejecución y ello con una compulsión freudiana. Batallones de estrategas de ese entonces no pudieron prever ni el desenlace de Vietnam o la crisis del petróleo a principios de los setenta, ni la licuación de la “inminente” guerra entre China y la URSS o la implosión de esta última. Ni tampoco el efecto Tequila,ni la crisis de las puntocom, ni la crisis de las subprime de 2008, para hacer un recorrido con trazo ultragrueso de las últimas décadas.

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La izquierda no fue ajena a la hiperinflación temática de la estrategia, sobre todo cuando en los sesenta decidió salir de las almidonadas cuevas platónicas de la academia en la que se había refugiado (y que tan bien hubo de describir Perry Anderson) para hacer una relectura voluntarista del “sangre, sudor y lágrimas” churchilliano y abocarse a ello “de-una-vez-por-todas”. Voluntarismo de la acción pero racionalismo exasperante del pensamiento “estratégico”. El modelo de todos los debates sobre estrategia en la izquierda en los setenta era el mismo en todos lados pero con aplicaciones locales (Francia, Italia, Argentina). El debate argentino entre Roby Santucho y Nahuel Moreno fue, en tal sentido, de antología y la despreocupación historiográfica al respecto es bastante lamentable.

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Ana María Villareal (Sayo) y Mario Roberto Santucho

Son más o menos conocidos los términos del debate (participar o no en la lucha armada y cómo), los estilos (más rígido en Santucho, más zigzagueante en Moreno), los tempos (ansiosos y perentorios en Santucho, flemáticos en Moreno), los diagnósticos (más lineales en Santucho, más amplios en Moreno), los usos de los recursos (planificados en Santucho, incrementales o modulares en Moreno).

En realidad, en el corazón de la disputa no se estaba planteando un debate entre estrategia foquista o estrategia trotskiana tradicional sino en como deshacerse de lo no racionalizable, de ese resto no digerible, de lo ominoso político-epistemológico, en definitiva: como detener la metonimia permanente de la voracidad capitalista para parafrasear, de manera algo bizarra, a Lacan. Santucho y Moreno fueron, en tal sentido, unos talibanes del racionalismo político que podríamos emparentar con el positivismo roquista de fines del siglo XIX y su batalla con lo ominoso indígena. Es cierto que la época, los sesenta-setenta, se prestaba para arrasar con todo lo que oliera a existencialismo con su humanismo melifluo y que la moda era un estructuralismo furioso que prometía poner en ordenadas y taxonómicas cajas todo bicho viviente que caminara por ahí afuera tomando el sol de la realidad. Era la época en que Sartre olía a rancio y Althusser, bien perfumado, detentaba el pontificado académico.

Epistemológicamente hablando, podríamos decir que Santucho y Moreno siguieron siendo siendo toda su vida unos racionalistas militantes en la medida que tenían una fe ciega en el poder de una estrategia que, bien aplicada, cambiaría todo lo ahora conocido. La equivocación de ambos no estaba en poner sobre la mesa el tema de la lucha armada, como podría pensarse desde una estrecha moralina política, sino en la exasperante y gélida racionalidad que anida en todo amante de la estrategia. Y es aquí que entramos en el núcleo de mi argumentación.

Sacar la centralidad o la “primogenitura” de la estrategia en la acción política no significa tener un pensamiento anti-estratégico y preconizar el espontaneísmo, la inmediatez y el pragmatismo del día-a-día-político, sino poner en pie de igualdad las diferentes racionalidades y sensibilidades, incluyendo, claro está, a la estrategia. Para decirlo claramente, existe vida más allá de la estrategia y su antagonista, la antiestrategia. Si bien hemos sacado de la chistera algunos ejemplos de Aristóteles para intentar demostrarlo, no podemos dejar de recurrir a nuestra fuente primigenia de la cual bebemos cotidianamente: el arte.

Dos películas vienen como anillo al dedo como disparadores del debate estratégico de la izquierda en Argentina: Elizabethtown (2005) y Relatos salvajes (2014).

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Elizabethtown (2005) es una entretenida y pasatista comedia romántica escrita y dirigida por Cameron Crowe, protagonizada por Orlando Bloom y Kirsten Dunst. Drew Baylor (Orlando Bloom) es un joven y muy exitoso diseñador en una empresa gigante de zapatillas (podría ser Nike o Adidas) y protegido del presidente de la compañía (Alec Baldwin) quien tenía fe ciega en el muchacho. La compañía había apostado estratégicamente todas sus fichas al nuevo y revolucionario diseño de una zapatilla desarrollada por Bloom. La zapatilla resulta ser un fiasco monumental y la empresa está al borde del precipicio y el joven Orlando cae en lo más profundo de su carrera profesional y personal. Y es allí donde comienza la película.

Relatos salvajes (2014) es una comedia negra escrita y dirigida por Damián Szifron, hilvanada sobre diferentes historias que tienen en común un brutal espíritu de venganza por parte de los personajes principales con ribetes tragicómicos. La secuencia más memorable es la última, que nos cuenta la historia del festejo de una boda que, planificada hasta el último detalle por parte de la pareja protagonista (ambos pertenecientes a familias acomodadas) termina en una descomunal batahola, en una catástrofe tan memorable como gigantesca.

Ambas películas abrevan sobre lo mismo: Una planificación “estratégica” milimétricamente diseñada que se desmadra de una manera mayúscula por una serie de eventos fortuitos o desconocidos.

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Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”

Estamos en el terreno goyesco de una de las tantas lecturas a que da lugar a “El sueño de la razón produce monstruos” o, para hablar nietzscheanamente, Dioniso vengándose de Apolo o, para ser aún más rigurosos siguiendo a Eurípides, es Dioniso jugando de manera cruel con el soberbio y racional Penteo ¿Qué hacer? ¿Anular a los “estrategas” de los partidos revolucionarios por sus repetidos fracasos como lo haríamos con la ocasional wedding planner? Por supuesto que no: el corolario que parece resumir esta larga perorata (que espero no haya aburrido demasiado) es que a los problemas de estrategia no se los soluciona con menos o ninguna estrategia, ni siquiera con más estrategia sino con un más allá de la estrategia, con una metaestrategia, un plus ultra estratégico. De eso hemos estado hablando.

N. Patricio Reyes C.

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Síntesis ideológica

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Vas a seminarios del tipo “Gramsci, nuevas perspectivas” y subrayás como un obseso los textos de Bensaïd. Lees a Laclau para luego ir al baño y hacer lo que hace tu sobrina anoréxica. Te reís de cómo a veces patina el sesudo de Vattimo y te ponés serio con Brossat. Te alterás con Negri y sus hijos podemitas, Agamben no te termina de cerrar pero Jay te gusta más. Te acostás con Harvey, te levantás con Jameson y Anderson te prepara el desayuno. Disfrutás del sentido del humor de Eagleton y bostezás con Althusser y Badiou.

Pensás que sos un iluminado pero que todavía no encontraste la síntesis: tu síntesis. Ayer en el parque te encontraste con tu sobrino veinteañero que aún no sabe sacarse los mocos y que tiene un penoso y ralo bigotito; te saludó ¿Qué hacés fiera? ¿Seguís leyendo ese bodoque? señalando las 700 y pico de páginas de “La ideología alemana”. Yo lo leí la semana pasada y se me ocurrió hacer una camiseta alusiva al respecto ¿te gusta? 

En dos segundos, miles y miles de páginas de tu no-síntesis se te vinieron encima. Solo atinaste a esquivar tu bulto mental y replicarle: A ver “fiera”…mostrame como te sale el kickflip.

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Y para seguir con onda skater un temazo de los RHCP

Patricio Reyes C.

Santiago Maldonado, Andrei Rubliov y las bandas delictivas estatales

Una de las perspectivas más interesantes pero más dramáticas para los artistas se refiere al vínculo del arte y sus protagonistas con las diferentes bandas delictivas que posee el estado. El caso de la detención y desaparición de Santiago Maldonado el 1º de agosto por parte de la pandilla de delincuentes de la Gendarmería vuelve a relacionar uno y otro campo: el del arte y la vida por un lado y el de la muerte, los negocios y la opresión por el otro.

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Pandilla delictiva estatal en cacería de mapuches en el territorio provincial de Benetton

El “caso Maldonado” ya es archiconocido y muy mediatizado y está siendo llevado por una de las dependencias de multinacional Benetton, más precisamente su departamento judicial: el Juzgado Federal de Esquel a cargo del Juez Guido Otranto acompañado por una dependencia administrativa también de los Benetton: la Fiscalía Federal de Esquel, a cargo de Silvina Ávila. Seguir leyendo Santiago Maldonado, Andrei Rubliov y las bandas delictivas estatales

Santiago, la niña y la entrañable transparencia de la Gendarmería

La gente, a veces, tiene certezas. Por ejemplo, todas las niñas argentinas saben que el tercer domingo de agosto tendrán un regalito porque esa jornada es el Día del niño. Las certezas suelen relacionarse con la luz, lo iluminado, lo transparente que permite ver a través. El antónimo de la certeza es la incertidumbre, la zozobra y se relaciona con la opacidad, la oscuridad, lo que no vemos y que, además, nos angustia. Seguir leyendo Santiago, la niña y la entrañable transparencia de la Gendarmería

El juez Otranto y los “negros de mierda”

Muchísimas veces sucede que dichos y eventos importantes realizados fuera de los focos periodísticos de las grandes o medianas ciudades suelen perderse en el tiempo y quedar como simples anécdotas de pueblo.

El caso de la detención-desaparición de Santiago Maldonado por parte de las fuerzas de la Gendarmería Nacional argentina es, precisamente, lo contrario. Adquiere una dimensión internacional y es de una gravedad inusitada, aún por encima de casos similares como el de Julio López o Miguel Bru. Es en vinculación con estos grandes casos que esas pequeñas anécdotas pueblerinas de la que hablabamos, prontas a desaparecer, adquieren una importancia mayúscula. A partir de la detención-desaparición de Santiago Maldonado nos vamos enterando de situaciones y contextos que, de otra forma, quizás nunca habríamos reparado en ellos.

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Juez Federal Guido Otranto

No es mi objetivo aquí reseñar el patético desempeño del juez Guido Otranto o de la fiscal a cargo del caso de la detención-desaparición de Santiago Maldonado y sus complicidades con los responsables de Gendarmería. Ya hay suficiente evidencia periodística al respecto. Ni tampoco cargaré las tintas sobre la política crecientemente represiva por parte de los aparatos del estado. Ya muchos dirigentes políticos y organismos de Derechos Humanos dan cuenta de ello. Simplemente les hablaré de algunos pocos Seguir leyendo El juez Otranto y los “negros de mierda”

La “cuestión militar” y yo

Una excelente y sesuda introducción por parte de Albamonte y Maiello sobre un libro de próxima aparición (“El marxismo y la cuestión militar”) promete poner sobre el candelero un asunto de especial sensibilidad para cualquier epidermis latinoamericana.

Muchos deben ser los puntos de vista y pareceres sobre el tema y cada quien debe tener su opinión. Aunque parezca mentira yo también tengo una. ¿Qué podría decirse desde el arte al respecto? Mi opinión puede resumirse en breves y poco intelectuales palabras: los milicos me dan asco, la vida militar me parece un insulto y el vocabulario militarista me resulta de una impudicia y obscenidad lacerante. Seguir leyendo La “cuestión militar” y yo

Atlanta: La nueva cultura troskopunk

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Fotografía: Enfoque Rojo

El sábado 19 de noviembre de 2016, en el estadio de Atlanta de Buenos Aires, se realizó un acto político con una masiva concurrencia (de más de veinte mil personas) para escuchar a nueve oradores pertenecientes a los tres partidos agrupados en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Las reseñas periodísticas dieron cuenta del acto y del entusiasmo reinante. No hablare de ello.

Y tampoco trataré de las medulares ideas que desarrollaron quienes estaban en la tribuna sino de los intersticios, del envés, de aquello que flotaba entre lxs oradorxs y entre ellxs y el público. Hablaré del subtexto del acto que resumo en la siguiente afirmación: Creo que en Atlanta sucedió un histórico, liminal y sustancial proceso de nacimiento de una nueva cultura urbana.

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Lacan atrumpado por Zizek

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I. Señorito Rottenmeier. El “escándalo Zizek”, referido a la elección de Trump, puso en el ojo de la tormenta a los intelectuales de izquierda y lacanianos a partes iguales. El debate, lejos de calmarse parece crecer, sobre todo teniendo en cuenta la próxima seguidilla de elecciones europeas. El Left Voice arde en visitas al respecto. Que un marxista lacaniano (o viceversa) como Zizek prefiera a Trump antes que a Hillary porque “puede provocar un tembladeral que, en última instancia, será beneficioso para un cambio posterior (por izquierda)” es un argumento, a mi gusto, ciego y perverso. Algo así como una pedagogía sádica: “Dejá que el nene saque el brazo por la ventanilla…cuando se lo arranquen aprenderá”. En realidad, en el centro del “escándalo Zizek” podría estar la doble confusión entre defensa y resistencia, por un lado y entre establishment y antiestablishment, por el otro. Quizás verlo desde la lectura kojeveana de la Fenomenología del espíritu de Hegel, más precisamente la dialéctica del amo y el esclavo releida desde Lacan pueda aclarar algo las cosas. Veamos brevemente estos tres puntos. Seguir leyendo Lacan atrumpado por Zizek

Thais o el lapsus botánico del Dr. Freud

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Jardín Botánico “Carlos Thais” y el Dr. Sigmund “Froi”

I. Uno de los libros más deliciosos y conocidos de Freud quizás sea “La interpretación de los sueños”. De ese texto me estaba acordando estos días en relación a un evento a realizarse dentro de poco en el Jardín Botánico “Carlos Thays” de la ciudad de Buenos Aires. La parte que me vino a la memoria fue el caso de la monografía botánica en el que Freud analiza los restos diurnos en la conformación de los sueños: los ciclámenes que tanto le gustan a su esposa, su encuentro con el profesor Gärtner -jardinero- y su “floreciente” esposa, su fantasía diurna en relación al poder anestésico de la cocaína, etc. El disparador de semejante rememoración fue una invitación por vía indirecta a participar de “Una noche en los jardines”, una visita guiada nocturna a realizarse en el Jardín Botánico porteño. Seguir leyendo Thais o el lapsus botánico del Dr. Freud