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Santiago Maldonado, Andrei Rubliov y las bandas delictivas estatales

Una de las perspectivas más interesantes pero más dramáticas para los artistas se refiere al vínculo del arte y sus protagonistas con las diferentes bandas delictivas que posee el estado. El caso de la detención y desaparición de Santiago Maldonado el 1º de agosto por parte de la pandilla de delincuentes de la Gendarmería vuelve a relacionar uno y otro campo: el del arte y la vida por un lado y el de la muerte, los negocios y la opresión por el otro.

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Pandilla delictiva estatal en cacería de mapuches en el territorio provincial de Benetton

El “caso Maldonado” ya es archiconocido y muy mediatizado y está siendo llevado por una de las dependencias de multinacional Benetton, más precisamente su departamento judicial: el Juzgado Federal de Esquel a cargo del Juez Guido Otranto acompañado por una dependencia administrativa también de los Benetton: la Fiscalía Federal de Esquel, a cargo de Silvina Ávila.

Santiago, que había sido estudiante de Bellas Artes en la Universidad de La Plata, es un artista, dibujante, tatuador y un mochilero incansable. Y un tipo solidario con las causas nobles como la de la reivindicación de los pueblos originarios de sus tierras ancestrales. Santiago Maldonado me hizo acordar inmediatamente a Andrei Rubliov, aquel pintor de íconos rusos del 1400 que tan bellamente fue retratado por Tarkovsky en su película homónima.

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Anatoli Solonitsin como Andrei Rubliov

Tarkovsky, como artista genial que era, plasmó en esta obra maestra una gran cantidad de significados del que tomaremos algunos pocos, principalmente la relación del artista con la sociedad y, específicamente, con los poderes estatales concentrados en sus aparatos represivos.

Los cruces de Rubliov con las bandas delictivas estatales son varias: cuando se llevan al artista-bufón que estaba en la posada donde Rubliov se cobijó de la torrencial lluvia; cuando la soldadesca lleva a cabo la cacería de “paganos” por realizar festejos no acordes con la religión oficial; cuando, por envidia, el hermano del duque que gobierna el lugar deja ciegos a varios artistas que se iban a unir a Rubliov para pintar la catedral; cuando los tártaros unidos al hermano del duque arrasan la ciudad y producen una masacre.

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Observando desde el río la cacería de paganos por parte de las hordas uniformadas

Podríamos decir que el nivel de violencia y brutalidad en esas cuatro secuencias son crecientes y que las motivaciones son variadas: el bufón se estaba burlando de los terratenientes boyardos, los “paganos” son perseguidos por celebrar rituales carnales, los artistas son dejados ciegos para que no puedan pintar la catedral y, por último, la masacre de los tártaros tiene que ver con la lucha de poder entre el duque y su hermano.La situación de violencia, a la vez que creciente, toca cada vez más de cerca al monje pintor, hasta llegar al punto que tuvo que matar a un hombre para proteger a una sordomuda. Llegado a ese punto, con los murales destruidos y con la sordomuda que decide irse con los tártaros, Rubliov, desconsolado, decide dejar de pintar y hacer un voto de silencio que durará años.

Dos situaciones, en la última parte del film, hacen que Rubliov rompa el voto de silencio y que vuelva a pintar. Por un lado, un antiguo colega, le sermonea sobre el gran pecado de llevarse a la tumba un don tan preciado como el que él posee sin compartirlo con los demás. Por el otro, la conmoción que le produce la revelación que le hace el muchacho fundidor de la nueva campana del pueblo: que el no poseía el secreto de como fundir campanas.

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Nikolai Burláyev como Boriska, el joven fundidor de campanas

La parte de la campana se desarrolla en 1423, once años después de que Rubliov hiciera los votos de silencio y dejara de pintar. El duque quiere construir una iglesia dotándola de una gran campana pero el maestro fundidor se murió, víctima de la peste que asoló el lugar, quedando solo su hijo. El muchacho asegura que el padre le había transmitido el secreto de fundir campanas y, a pesar de las reticencias iniciales, es llevado por la gente del duque para que inicie las obras. El trabajo es arduo, difícil y con mucha gente. Finalmente llega el día y el pueblo se reúne para escuchar el tañido inicial de la campana en presencia del duque y su séquito. Es un éxito: la campana tañe sin problemas. Boriska, el muchacho fundidor, un artesano-artista (excelentemente interpretado por Nikolay Burláyev, el protagonista de “la infancia de Iván”) termina sollozando en brazos de Rubliov, quien había visto el laborioso proceso de fabricación de la campana. Es entonces cuando Boriska le confiesa que nunca conoció el secreto de la fabricación de campanas.

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Boriska le confiesa a Rubliov que en realidad no sabía el secreto de fundir campanas pero lo hizo. Rubliov, impactado por la enorme voluntad del joven, decide volver a pintar.

¿Qué hacer desde el arte en relación a estas bandas delictivas estatales? La pregunta interpela de lleno sobre el rol del arte y del artista en su relación con el poder constituido y con la sociedad. El Rubliov de Tarkovsky nos da algunas pistas: En algún momento la violencia estatal nos llegará de manera directa, tal como también lo describiera el conocido poema de Niemöller “Ellos vinieron” [“Primero vinieron a buscar a los comunistas / y no dije nada porque yo no era comunista / Luego vinieron por los judíos /y no dije nada porque yo no era judío…]. El resultado de la violencia estatal puede terminar en el silencio, el alejamiento y la sumisión del artista, como la que encara el monje pintor durante once años o puede convertirse, tarde o temprano, en un renovado ímpetu creativo como el que se dispone a desarrollar Rubliov luego de la emulación que le provoca el impulso vital y creador del joven campanero Boriska interpetrado fantásticamente por Burláyev en un registro actoral muy similar al de su anterior “La infancia de Iván” donde el protagonista (niño apenas puber) también muestra un vitalismo insuperable.

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Burláyev en “La infancia de Iván” de A. Tarkovsky

Santiago Maldonado está en la misma sintonía que Andrei Rubliov, con problemáticas similares en situaciones muy disímiles: medioevo ruso / capitalismo periférico; luchas cortesanas e influencia de tártaros / lucha entre terratenientes y pueblos originarios; relación entre artista y comitentes eclesiásticos y cortesanos / relación del artista consigo mismo y su comunidad.

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Team de lujo: Noceti, jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad y abogado defensor de genocidas, en charla con un integrante de la banda delictiva estatal durante el operativo donde desapareció Santiago Maldonado. El encargado del operativo, el comandante Diego C. Balari, tenía los antecedentes pertinentes: había sido denunciado años antes por maltrato y violencia familiar por su ex-mujer Zulma Carmen Moreno en un Juzgado en lo civil en Salta. El juez Federal encargado de impartir la orden de represión fue Guido Otranto quien dos meses antes sentenció (causa Parisi) que es perfectamente legal que los funcionarios públicos puedan calificar de “negros de mierda” a los mapuches.

A pesar de las diferencias abismales en tiempo y espacio la problemática, esencialmente, es la misma ¿Qué hacemos ante las bandas delictivas estatales? El ejemplo testimonial de Santiago Maldonado parece dar una vuelta de tuerca a lo planteado por Rubliov, va más allá de su “volver al ruedo del arte”. Maldonado testimonia en su propio cuerpo la idea que el compromiso consigo mismo conlleva necesariamente el compromiso comunitario y este compromiso tiene como condición necesaria un enfrentamiento con el bandidaje represivo estatal, que se dará más tarde o más temprano, se lo asuma o no se lo asuma, se mire de costado o de frente. La tarea ineludible del artista es plantear dicho enfrentamiento desde la propia lógica estética, esto es, desarmando punto a punto las piezas fundamentales del mecanismo militarista y represivo que, también hay que decirlo, cuenta con sus “artistas”. Porque de eso se trata: De series de televisión donde los protagonistas de las bandas delictivas estatales aparecen como héroes, de monumentos a próceres militares, de discursos institucionales (judiciales, periodísticos, políticos) llamando al “respeto” a instituciones genocidas y similares narrativas que forman un magma de ignominia donde crecen el militarismo y la impunidad delictiva de las pandillas armadas de los estados. Y el desarmar ese andamiaje narrativo ominoso es, precisamente, la tarea.

Los artistas no son simples espectadores del escarnio militarista ni tampoco simples piezas necesarias de una militancia para el cambio de estructuras políticas y sociales de un sistema más que putrefacto. Son algo más fuerte, más firme y más pertinente: constructores de miradas insólitas y novedosas, de extrañamientos (ostranénie, остранение) que permiten que situaciones y procesos sociales puedan rescatarse de su percepción automatizada en su grisácea y aburguesada cotidianidad. Son hacedores de lo que Brecht (en un sentido muy parecido al ostranénie de Shklovski) llamaba Verfremdungseffekt o efecto de distanciamiento para el teatro: no llevar al público de las narices para su identificación catártica con los personajes sino que el mismo público pueda acceder a un distanciamiento emocional con respecto a la representación con el fin de poder reflexionar de manera crítica sobre lo que está presenciando. Los artistas y trabajadores de la cultura tienen ese rol social: desmalezar el camino con nuevas miradas para que el cambio político pueda producirse (y no al revés).

Santiago Maldonado, detenido y desaparecido por una pandilla de forajidos del estado, ha dado el mayor testimonio que un artista puede dar: hacer de su vida un arte y que ese arte sea un ejemplo para todos nosotros.

Para que Rubliov vuelva a pintar.

N. Patricio Reyes C.

Ver “Andrei Rubliov” de A. Tarkovsky

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Santiago, la niña y la entrañable transparencia de la Gendarmería

La gente, a veces, tiene certezas. Por ejemplo, todas las niñas argentinas saben que el tercer domingo de agosto tendrán un regalito porque esa jornada es el Día del niño. Las certezas suelen relacionarse con la luz, lo iluminado, lo transparente que permite ver a través. El antónimo de la certeza es la incertidumbre, la zozobra y se relaciona con la opacidad, la oscuridad, lo que no vemos y que, además, nos angustia.

Camionetas

Tres días antes del Día del niño, es decir el jueves 17 de agosto de 2017, una noticia provocó un lógico malestar en buena parte de la sociedad argentina. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a propósito de ese día, distribuiría una camioneta de juguete entre los infantes de barrios carenciados. Sin embargo, y he aquí el escozor, las camionetas tendrían pegado un sticker con el logo de la Gendarmería. El malestar o indignación tiene que ver con la situación contextual referida precisamente a esa banda delictiva estatal.

El 1º de agosto, en el marco de una violenta represión a una comunidad mapuche en la provincia argentina de Chubut, la Gendarmería detuvo y desapareció a Santiago Maldonado llevándolo en una camioneta de esa institución. Los testigos de la comunidad coinciden en el relato de los hechos: de cómo golpearon y de cómo los gendarmes formaron una barrera para que no se viera un cuerpo que fuera cargado y llevado por una camioneta rumbo a Esquel. Luego de 17 días con Santiago detenido-desaparecido, donde el núcleo de las pesquisas están referidas a las camionetas utilizadas por la Gendarmería en el operativo represivo, el gobierno decide regalar, como juguete del Día del niño, camionetas de la Gendarmería. Escándalo, cinismo e hijaputez fueron las palabras más utilizadas, en grados variables, por los indignados lectores de la noticia.

A partir de estos hechos, les hablaré aquí, en esta charla, de cómo interpreto a este lapsus provocador de la camioneta. Mi opinión, en resumen, es que la camioneta de juguete está diciendo políticamente mucho más que la camioneta real. Veamos porqué.

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Transparencias

Lo primero que resalta de la camioneta de juguete es su transparencia. Cualquier niña que reciba ese regalo el Día del niño podrá afirmar con madura suficiencia: “Esa camioneta es falsa, es trucha, no existen camionetas transparentes”. Dicha afirmación infantil no estaría del todo errada. Profundicemos.

Como si fuera un cruel símbolo inverso, la camioneta transparente de juguete connota la camioneta real, literal y simbólicamente opaca, vehículo en el que, según todos los indicios, se llevaron a de Santiago Maldonado.

Podríamos pensar la camioneta desde una perspectiva psicoanalítica. El par binario transparencia/opacidad del vehículo pareciera operar a la manera de la denegación freudiana. Recordemos el texto de Freud: “Va usted a creer ahora que quiero decir algo ofensivo para usted, pero le aseguro que no es tal mi intención”. Se deniega algo afirmado previamente. El psicoanalista Jean Hyppolite sostiene que dicha afirmación traída de la clínica de Freud, hay que traducirla como “quiero ofenderle”. Lo transparente denegando lo opaco. Algo parecido a la recurrida y patética afirmación que los gobiernos sacan de la chistera cuando las papas queman: “Actuaremos con todo el peso de la ley” denegando lo que la cotidianidad confirma o “No descartamos ninguna hipótesis, trabajamos con todas las hipótesis posibles sobre la desaparición de Santiago” cuya traducción, según la lúcida percepción de Myriam Bregman, sería la implícita denegación de la hipótesis principalísima: la responsabilidad directa del más firme sospechoso, la Gendarmería.

Para Freud la denegación es una Aufhebung (negar, suprimir y conservar pero también levantar) de la represión, pero no por ello una aceptación de lo reprimido (se sortea la represión, pero no se la acepta). La represión subsiste bajo la forma de la no-aceptación. Lo transparente deniega lo oscuro y opaco: una transparencia que tapa. Como el cura “tan dedicado a la infancia” y que resultó ser un pedófilo de bandera o como los funcionarios que proclaman estar dedicados a combatir la corrupción y promover la transparencia institucional pero que poseen sus opacas cuentas en Panamá.

Nunca un sticker de la Gendarmería referido (pegado) a una camioneta “transparente” pudo ser tan pertinente en términos denegatorios si pensamos en la ominosa opacidad del procedimiento de la camioneta real. Parafraseando a Lacan, el inconsciente se estructura como sticker de la Gendarmería.

Llevar y traer

Los párrafos anteriores no serían más que un florido recurso literario mechado con psicoanálisis de café si no aportáramos una perspectiva de economía política a las camionetas, sean estas opacas o transparentes. Y es que la función primaria de dichos vehículos es transportar personas o cosas. Y es aquí también donde las camionetas transparentes de juguete pueden aportar más información política que la que pudiera aportar el mercado judicial con sus mercaderes de jueces y fiscales con toda su hojarasca de expedientes.

La pregunta pertinente es: Si se llevaron en la camioneta opaca a Santiago ¿Qué es lo que trajeron? Aquí la pista quizás pudiera darla, otra vez, la camioneta transparente, la de juguete. ¿Qué vemos a través de la transparencia? ¿Qué transporta: personas o cosas? Vemos que transporta ladrillos: ladrillos Lego. Y eso lo hace muy interesante en tres líneas diferentes pero concurrentes.

La primera se refiere al continente, la camioneta contenedora. Si sacamos todos los ladrillos plásticos de la camioneta nos encontraremos que ésta no es más que un vehículo absolutamente desangelado, es un espectro de camioneta que se parecería más a una botella plástica que a otra cosa. La inferencia consecuente es que más que camioneta parece un recipiente de ladrillos Lego, ladrillos cuyo valor de cambio sería mucho más elevado que su contenedor.

La segunda tiene que ver con magnitudes, con la cantidad transportada y su sentido conminativo. Con la poca cantidad de ladrillos presentes en la botella plástica con forma de camioneta es imposible construir ni tan siquiera una minúscula casa; y esto implica una perentoria conminación por parte de los infantes que hayan recibido el regalo. Ello es transparentemente informativo: Crearemos tu necesidad en un abrir y cerrar de ojos. Llorarás hasta que tu madre o padre o tu hermano puedan comprarte, separando una parte de su minúsculo salario, los ladrillos que te faltan. Recuerda que hay de diferentes colores y tamaños y que una casa debe tener colores parejos. No me mires con esa cara de boba. Empieza a llorar ya mismo reclamando más ladrillos.

La primera línea de sentido se une a la segunda en su carácter de ausencia de autocontención lúdica. La camioneta no está autocontenida en sí misma. No es una camioneta con la que se pueda jugar seriamente como con los otros autos, camiones y camionetas que no son una botella plástica como ésta.

La tercera línea, la principal y que marca la pertinencia de la economía política, deviene de las dos anteriores ¿Dónde y cómo completar mis ladrillos? En la juguetería tenés los ladrillos que te faltan. Son marca Lego, que es la franquicia con la que mi familia y yo lucramos desde hace años. Somos los Roggio, pero eso a vos no te importa. No me mires con esa cara de boba. Andá con tu papi-mami-hermano-tía-o-quien-carajo-sea a comprar mis ladrillos.

El conglomerado de los Roggio es un grupo económico que viene acompañando desde hace años a los Macri en tropelías económicas en connivencia con diversas instancias estatales. Las diferentes empresas del grupo Roggio están en diversos rubros aunque la empresa bandera del grupo es Metrovías, cuya escandalosa gestión en complicidad con Subterráneos de Buenos Aires, llega a niveles de impunidad delictiva difícilmente alcanzados en la historia económica de la ciudad de Buenos Aires. Una de las empresas-franquicias del grupo es la de Lego. Sí, la de los ladrillos contenidos en la botella plástica con forma de camioneta con el logo de Gendarmería.

Bien lo sabemos, la economía política se cuela tanto en las corruptelas de la promoción inmobiliaria como en los ladrillos plásticos de juguete. Profundicemos el punto.

Una de las primeras medidas de política educativa del recién electo Jefe de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, fue firmar el Decreto Nº 1602/2008 por el que, mediante el procedimiento de contratación directa Nº 2.529/2008, se adquieren 1034 kits de juegos Lego para implementar un proyecto aún más grande, el “Proyecto Educativo Lego Zoom”. La suma gastada fue escandalosa: $ 4.119.330,00.-, a razón de $ 3.800.- por cada cajita. Para darnos cuenta del atraco perpetrado por los forajidos Macri y Roggio deberíamos aclarar que el promedio ponderado del “salario testigo”, es decir, el salario de bolsillo nominal del maestro de grado con 10 años de antigüedad en educación primaria jornada simple y que se utiliza como medida de referencia a nivel nacional, en diciembre de 2009 (un año después de la compra de los kits) fue de $ 1.916: la mitad del valor de una cajita con ladrillos Lego. Nunca más se supo de las cajitas Lego cuyo valor duplicaba con creces el salario de un docente con una antigüedad de 10 años. Lo que sí sabemos es que el negocio entre el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los Roggio sigue viento en popa.

La enseñanza final que nos deja la camioneta opaca/transparente de la Gendarmería, y aquí casi concluimos, es que la opaca se lleva cuerpos, en este caso el de Santiago Maldonado y la transparente nos informa que las camionetas traen negocios: los de Roggio, los de Benetton. Por eso es que les hablaba al comienzo de esta charla que la camioneta de juguete nos estaba diciendo políticamente mucho más que las camionetas reales de la pandilla uniformada, cada vez más opacas.

El Bolsón, 2030

En el fogón del campamento vemos una joven (nuestra niña ya crecida) que, guitarra en mano, se pone a cantar viejas canciones con sus amigos: rasguña las piedras, muchacha ojos de papel, voy a bailar a la nave del olvido y esa canción que habla de entrañables transparencias; en ese preciso momento, como un flash, le viene a la mente esa camioneta transparente que le regalaron hace tiempo, en 2017.

Santiago, como una querida presencia, está ahí, cerca del fuego, acompañándola con el yembe, sonriendo, haciendo coros. Era el Día de la niña.

N. Patricio Reyes C.

 

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El juez Otranto y los “negros de mierda”

Muchísimas veces sucede que dichos y eventos importantes realizados fuera de los focos periodísticos de las grandes o medianas ciudades suelen perderse en el tiempo y quedar como simples anécdotas de pueblo.

El caso de la detención-desaparición de Santiago Maldonado por parte de las fuerzas de la Gendarmería Nacional argentina es, precisamente, lo contrario. Adquiere una dimensión internacional y es de una gravedad inusitada, aún por encima de casos similares como el de Julio López o Miguel Bru. Es en vinculación con estos grandes casos que esas pequeñas anécdotas pueblerinas de la que hablabamos, prontas a desaparecer, adquieren una importancia mayúscula. A partir de la detención-desaparición de Santiago Maldonado nos vamos enterando de situaciones y contextos que, de otra forma, quizás nunca habríamos reparado en ellos.

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Juez Federal Guido Otranto

No es mi objetivo aquí reseñar el patético desempeño del juez Guido Otranto o de la fiscal a cargo del caso de la detención-desaparición de Santiago Maldonado y sus complicidades con los responsables de Gendarmería. Ya hay suficiente evidencia periodística al respecto. Ni tampoco cargaré las tintas sobre la política crecientemente represiva por parte de los aparatos del estado. Ya muchos dirigentes políticos y organismos de Derechos Humanos dan cuenta de ello. Simplemente les hablaré de algunos pocos Seguir leyendo El juez Otranto y los “negros de mierda”

La “cuestión militar” y yo

Una excelente y sesuda introducción por parte de Albamonte y Maiello sobre un libro de próxima aparición (“El marxismo y la cuestión militar”) promete poner sobre el candelero un asunto de especial sensibilidad para cualquier epidermis latinoamericana.

Muchos deben ser los puntos de vista y pareceres sobre el tema y cada quien debe tener su opinión. Aunque parezca mentira yo también tengo una. ¿Qué podría decirse desde el arte al respecto? Mi opinión puede resumirse en breves y poco intelectuales palabras: los milicos me dan asco, la vida militar me parece un insulto y el vocabulario militarista me resulta de una impudicia y obscenidad lacerante. Seguir leyendo La “cuestión militar” y yo

Atlanta: La nueva cultura troskopunk

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Fotografía: Enfoque Rojo

El sábado 19 de noviembre de 2016, en el estadio de Atlanta de Buenos Aires, se realizó un acto político con una masiva concurrencia (de más de veinte mil personas) para escuchar a nueve oradores pertenecientes a los tres partidos agrupados en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Las reseñas periodísticas dieron cuenta del acto y del entusiasmo reinante. No hablare de ello.

Y tampoco trataré de las medulares ideas que desarrollaron quienes estaban en la tribuna sino de los intersticios, del envés, de aquello que flotaba entre lxs oradorxs y entre ellxs y el público. Hablaré del subtexto del acto que resumo en la siguiente afirmación: Creo que en Atlanta sucedió un histórico, liminal y sustancial proceso de nacimiento de una nueva cultura urbana.

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Lacan atrumpado por Zizek

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I. Señorito Rottenmeier. El “escándalo Zizek”, referido a la elección de Trump, puso en el ojo de la tormenta a los intelectuales de izquierda y lacanianos a partes iguales. El debate, lejos de calmarse parece crecer, sobre todo teniendo en cuenta la próxima seguidilla de elecciones europeas. El Left Voice arde en visitas al respecto. Que un marxista lacaniano (o viceversa) como Zizek prefiera a Trump antes que a Hillary porque “puede provocar un tembladeral que, en última instancia, será beneficioso para un cambio posterior (por izquierda)” es un argumento, a mi gusto, ciego y perverso. Algo así como una pedagogía sádica: “Dejá que el nene saque el brazo por la ventanilla…cuando se lo arranquen aprenderá”. En realidad, en el centro del “escándalo Zizek” podría estar la doble confusión entre defensa y resistencia, por un lado y entre establishment y antiestablishment, por el otro. Quizás verlo desde la lectura kojeveana de la Fenomenología del espíritu de Hegel, más precisamente la dialéctica del amo y el esclavo releida desde Lacan pueda aclarar algo las cosas. Veamos brevemente estos tres puntos. Seguir leyendo Lacan atrumpado por Zizek

Thais o el lapsus botánico del Dr. Freud

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Jardín Botánico “Carlos Thais” y el Dr. Sigmund “Froi”

I. Uno de los libros más deliciosos y conocidos de Freud quizás sea “La interpretación de los sueños”. De ese texto me estaba acordando estos días en relación a un evento a realizarse dentro de poco en el Jardín Botánico “Carlos Thays” de la ciudad de Buenos Aires. La parte que me vino a la memoria fue el caso de la monografía botánica en el que Freud analiza los restos diurnos en la conformación de los sueños: los ciclámenes que tanto le gustan a su esposa, su encuentro con el profesor Gärtner -jardinero- y su “floreciente” esposa, su fantasía diurna en relación al poder anestésico de la cocaína, etc. El disparador de semejante rememoración fue una invitación por vía indirecta a participar de “Una noche en los jardines”, una visita guiada nocturna a realizarse en el Jardín Botánico porteño. Seguir leyendo Thais o el lapsus botánico del Dr. Freud

Lacanata en el prostíbulo de los Macri

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I. El goce Te-Ve. Cuando el showman televisivo Jorge Lanata, refiriéndose a su dinero, espetó “Si quiero me lo gasto en putas, cocaína o juego porque me lo gané”, la gente del barrio se rio con esa risa nerviosa tan típica de los que se ríen para no llorar. Eso fue propalado en febrero de 2016 por radio Mitre, del Grupo Clarín, lugar de trabajo del showman. En el barrio se sabe leer entrelineas: A la vuelta de la radio, ubicada en la calle Mansilla, está uno de los mayores prostíbulos de Buenos Aires cuyo dueño es considerado el zar de la trata de personas en Argentina. El lugar es conocido en el barrio como “el prostíbulo de los Macri”, ya veremos porqué. Su propietario es Raúl Martins. Seguir leyendo Lacanata en el prostíbulo de los Macri

Lacan-1997: Error del sistema

I. Hace poco estaba leyendo un pequeño trabajo de Eric Laurent llamado “El caso, del malestar a la mentira”. Laurent rescata a partir de dos seminarios de Miller el lugar de la “mentira” en las categorías R-S-I (“Cómo la categoría de la ‘mentira’ ocupa el lugar de la estructura como punto de real en lo simbólico”) para luego desarrollar la idea de una poética psicoanalítica (que sobrepasa al analista y al analizante) trayendo a colación algo que nunca había leído o escuchado de Lacan: que el analista es poema más que poeta cuando accede a esta dimensión del lenguaje. Laurent concluye su trabajo afirmando: Si lo simbólico en lo real tiene por nombre la mentira, el encuentro tiene la forma de un fuera-de-sentido en el que la mentira hace signo para un sujeto, por un efecto que alcanza la eficacia del chiste.

II. Me quedé pensando en lo productivo que resultó ser ese seminario de 1997 referenciado por Laurent y su relación con el estatuto de la mentira. Pero casi no pude evitar reírme cuando asocié “1997” con otra mentira más prosaica, más terrenal (literalmente terrenal) y más argentina. Hace unos pocos días (mientras leía precisamente a Laurent) pudo saltar del cerco mediático patronal (por unas horas, claro) una noticia sobre la declaración de unos terrenos por parte de un contrabandista de autos sudamericano: Mauricio Macri había declarado ante la Oficina Anticorrupción que la finca Pluma del Pato en Coronel Solá, Salta (Argentina) que había comprado a mediados de 2015, tenía una extensión de 373 hectáreas y un valor fiscal de $ 334.364,10. Un periodista (de esos que todavía no fue comprado con el dispendioso aporte de los fondos reservados de presidencia destinado al mercado de jueces y periodistas) rascó un poco y comprobó que el predio declarado tiene, en realidad, una superficie algo mayor, más de cinco veces mayor: 1997 hectáreas para ser exactos.

III. La excusa/justificación por parte de la Secretaría Legal y Técnica del patético contrabandista argentino con domicilio económico en Panamá fue: “Error del sistema”. No pude dejar de reírme de mi asociación: de las 1997 hectáreas del mafioso y del Seminario de 1997 al que hacía referencia Eric Laurent al articular la homología de los dos lugares: el de la “orthe doxa” y el de la mentira que hace signo con la eficacia del chiste.

 

N. Patricio Reyes C. Copyleft copyleft, 2016.

Nota: El Seminario de 1997 es el de Barcelona Die Wege der Symptombildung, de J-A. Miller quien retomará la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma de Lacan (quien a su vez vuelve sobre la Conferencia XVII de S. Freud El sentido de los síntomas). El otro seminario de Miller (un curso en realidad) citado por Laurent fue uno de 2001-2002. El trabajo de Laurent puede verse en Cuadernos de Psicoanálisis, Bilbao, Eolia, n. 26, junio 2002 (Texto original: Revue de la Ecole de La Cause Freudienne n° 50).

Otras entradas de “Carne de diván, ensalada de Lacan”:

Gruyere de Lacan
San Miller, yerno
El psicoanalista que cazaba mariposas
Lacanibal
Muse de Lacan
Psico-kitsch
Los gatos de Lacan