Archivo de la categoría: Psicoanálisis

Lacan atrumpado por Zizek

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I. Señorito Rottenmeier. El “escándalo Zizek”, referido a la elección de Trump, puso en el ojo de la tormenta a los intelectuales de izquierda y lacanianos a partes iguales. El debate, lejos de calmarse parece crecer, sobre todo teniendo en cuenta la próxima seguidilla de elecciones europeas. El Left Voice arde en visitas al respecto. Que un marxista lacaniano (o viceversa) como Zizek prefiera a Trump antes que a Hillary porque “puede provocar un tembladeral que, en última instancia, será beneficioso para un cambio posterior (por izquierda)” es un argumento, a mi gusto, ciego y perverso. Algo así como una pedagogía sádica: “Dejá que el nene saque el brazo por la ventanilla…cuando se lo arranquen aprenderá”. En realidad, en el centro del “escándalo Zizek” podría estar la doble confusión entre defensa y resistencia, por un lado y entre establishment y antiestablishment, por el otro. Quizás verlo desde la lectura kojeveana de la Fenomenología del espíritu de Hegel, más precisamente la dialéctica del amo y el esclavo releida desde Lacan pueda aclarar algo las cosas. Veamos brevemente estos tres puntos. Seguir leyendo Lacan atrumpado por Zizek

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Lacan-1997: Error del sistema

I. Hace poco estaba leyendo un pequeño trabajo de Eric Laurent llamado “El caso, del malestar a la mentira”. Laurent rescata a partir de dos seminarios de Miller el lugar de la “mentira” en las categorías R-S-I (“Cómo la categoría de la ‘mentira’ ocupa el lugar de la estructura como punto de real en lo simbólico”) para luego desarrollar la idea de una poética psicoanalítica (que sobrepasa al analista y al analizante) trayendo a colación algo que nunca había leído o escuchado de Lacan: que el analista es poema más que poeta cuando accede a esta dimensión del lenguaje. Laurent concluye su trabajo afirmando: Si lo simbólico en lo real tiene por nombre la mentira, el encuentro tiene la forma de un fuera-de-sentido en el que la mentira hace signo para un sujeto, por un efecto que alcanza la eficacia del chiste.

II. Me quedé pensando en lo productivo que resultó ser ese seminario de 1997 referenciado por Laurent y su relación con el estatuto de la mentira. Pero casi no pude evitar reírme cuando asocié “1997” con otra mentira más prosaica, más terrenal (literalmente terrenal) y más argentina. Hace unos pocos días (mientras leía precisamente a Laurent) pudo saltar del cerco mediático patronal (por unas horas, claro) una noticia sobre la declaración de unos terrenos por parte de un contrabandista de autos sudamericano: Mauricio Macri había declarado ante la Oficina Anticorrupción que la finca Pluma del Pato en Coronel Solá, Salta (Argentina) que había comprado a mediados de 2015, tenía una extensión de 373 hectáreas y un valor fiscal de $ 334.364,10. Un periodista (de esos que todavía no fue comprado con el dispendioso aporte de los fondos reservados de presidencia destinado al mercado de jueces y periodistas) rascó un poco y comprobó que el predio declarado tiene, en realidad, una superficie algo mayor, más de cinco veces mayor: 1997 hectáreas para ser exactos.

III. La excusa/justificación por parte de la Secretaría Legal y Técnica del patético contrabandista argentino con domicilio económico en Panamá fue: “Error del sistema”. No pude dejar de reírme de mi asociación: de las 1997 hectáreas del mafioso y del Seminario de 1997 al que hacía referencia Eric Laurent al articular la homología de los dos lugares: el de la “orthe doxa” y el de la mentira que hace signo con la eficacia del chiste.

 

N. Patricio Reyes C. Copyleft copyleft, 2016.

Nota: El Seminario de 1997 es el de Barcelona Die Wege der Symptombildung, de J-A. Miller quien retomará la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma de Lacan (quien a su vez vuelve sobre la Conferencia XVII de S. Freud El sentido de los síntomas). El otro seminario de Miller (un curso en realidad) citado por Laurent fue uno de 2001-2002. El trabajo de Laurent puede verse en Cuadernos de Psicoanálisis, Bilbao, Eolia, n. 26, junio 2002 (Texto original: Revue de la Ecole de La Cause Freudienne n° 50).

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Extimar, retener, gozar

salo_o_le_120_giornate_di_sodoma-363329106-largeUna noticia reciente me hizo acordar, y mucho, a un texto de Miller y a una peli de Pasolini. He aquí ese derrotero de la memoria.

I. Rojas. En los 80 (es decir, hace millones de años) se proyectaría en el Rojas “Saló o los 120 días de Sodoma” de Pasolini. La expectativa era inmensa, todos habían oído hablar de la película, nadie la había visto. El ambiente estaba electrificado. El Rojas de la UBA, hay que recordar, formaba parte de un microcircuito culturoso constituido por la sala de Hebraica y el Cine Cosmos. Pasolini era Dios y “Saló” su testamento. Yo me sentía un privilegiado: Ya había leído el “Sade, Loyola, Fourier” de Barthes (¡la edición de Monte Ávila!) citado por Pasolini en el film.

Estamos en el cenit de la biopolítica: Vigilar y castigar de Foucault (1975 y 1986 en la edic. en español) y el último Lacan son las estrellas. Rockstars. En el centro de la santísima trinidad (Barthes-Lacan-Foucault) Pasolini ponía el ojo de la cámara: biopolítica y política del goce unidos como nunca se había visto y ni siquiera imaginado. La dialéctica del Amo y el esclavo de Lacan-Kojeve-Hegel, vía Sade, se desplegaba ante nosotros en esa pantalla, fotograma a fotograma. Y lo hacía en estado puro. Luego de la “trilogía de vida”, “Saló” fue un shock. Hasta el día de hoy, no he visto una explicitación más gráfica de lo que significa el más allá del placer o el retorno del goce lacaniano que este último film de Pasolini.

II. Plaza del Príncipe, Tenerife. En octubre de 2010 estaba participando en una de las múltiples marchas contra la reforma de Ley de Extranjería de España. La ley era una adecuación a una Directiva de la UE, la 115/08, más conocida como Directiva de la Vergüenza: Otra vuelta de tuerca a una política claramente xenófoba y racista por parte de la Unión Europea que se amalgamaba con el antisemitismo y la islamofobia reinante, que son los otros dos deportes consentidos y practicados con fruición en el viejo continente. Hay continentes enteros que, en ciertos temas, no aprenden. frente-pancartas3-large2Para nosotros la bestia negra eran los CIEs, los Centros de Internamiento de Extranjeros. Cárceles donde se “internaban” a los extranjeros por simples faltas administrativas (desde 40 días hasta 2 años).

En esos precisos días, J-A Miller publicaba “Extimidad”, uniendo este fértil concepto con la cuestión de la inmigración, incluyendo en su texto una afirmación (profética) de Lacan del 9 de octubre de 1967: “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”. Miller apuntaba al centro de la cuestión del racismo: “Odio tu manera de gozar”: El Otro (inmigrante) saca una parte “indebida” de goce. Seguimos en la política del goce del último Lacan.

III. Camino a Saló. La noticia que me provocó un flash a los pasados I y II fue aquella que da cuenta que, por primera vez en su historia, la ciudad de Buenos Aires instalaría una cárcel para inmigrantes. El eufemismo utilizado por las patronales y su régimen político es “retención”: Centro de Retención de Migrantes. Eso se hace a través de un Convenio entre la Dirección Nacional de Migraciones, el Ministerio de Seguridad y el Gobierno de la Ciudad. Hubo tres comunicados sobre el Convenio. Su narrativa, la de los tres, roza el delirio. Tal fue el escándalo del primer comunicado que, enseguida, lo sacaron de circulación y pusieron otro. Nuevo escándalo. El segundo apenas duró unos días. Tuvieron que hacer un último comunicado, tan patético como los anteriores. El tema, siendo muy preocupante, no agotaba ni de lejos el órdago fascista.

IV. República de Saló. Quién puso la cara del último comunicado fue un subdirector, y fue eso lo que me llamó la atención. Luego de un par de clics, estupefacto, comprendí. Y es que el responsable final pero que no firmaba el comunicado (el Director Nacional de Migraciones) es “Toto” García, cuyo historial es digno para una carrera administrativa en la República de Saló. En 2010, García ingresó con el cargo de Subsecretario de Seguridad Ciudadana al Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad a cargo de Guillermo Montenegro, un ministro conocido, no solo por sus desaforadas afirmaciones xenófobas sino por haber sido, poco tiempo antes, el juez que absolvió, en un juicio escandaloso, a una esclavista textil que luego se casó con un conocido contrabandista de autos que luego devino a presidente del país.

borda4“Toto” García es un viejo conocido de los psicoanalistas. En su carácter de Subsecretario de Seguridad Ciudadana, fue el que ordenó a Horacio Giménez (Jefe de la Policía Metropolitana) y Ricardo Pedace (Subjefe de la Policía Metropolitana) la brutal represión del Hospital Borda del 26 de abril de 2013, siguiendo las directivas del Ministro Montenegro tal como surge de la instrucción de la causa penal pertinente (fs. 3291/3292). La represión del Borda fue antológica: el poder violando doblemente sus propias normas: la de “no innovar” judicial y la de apalear a mansalva con una saña nunca vista. Un “Más allá del placer explicado a los niños”.

García también es conocido por los inmigrantes ya que fue el responsable directo de los fusilamientos en el Parque Indoamericano de diciembre de 2010 por parte de la jauría de la Metropolitana. Los fusilados fueron Bernardo Salgueiro (24 años, de nacionalidad paraguaya) y los bolivianos Rosemary Cupeña (28 años) y Juan Castañeta Quispe (38 años).

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Elizabeth Ovidio, esposa del remisero Castañeta Quispe

La Metropolitana de García fue ayudada, claro está, por las jaurías nacionales de la Federal y de la Narcogendarmería del carapintada Sergio Berni. Ya se sabe, los empresarios (hoteleros, de la construcción o de lo que sea) cuando se ponen nerviosos van juntitos y con mucho pero con mucho plomo. Lear dixit. Y no King Lear, precisamente.

V. Noches blancas pero no de Dostoievsky. Sin embargo, lo más increíble (y lo que más me hizo recordar a Saló de Pasolini) fue la fiesta en la que participó nuestro Director Nacional de Migraciones el 21 de septiembre de 2006 (para festejar la primavera) en la casa de Julio Virgolini (en Uriburu 1257, CABA). Virgolini es uno de los abogados más solicitados por los narcos (fue defensor de Marcos Antonio Estrada González, el narco que operaba en la villa 1-11-14 del bajo Flores; fue defensor de uno de los imputados en el famoso caso “Viñas Blancas”; fue defensor de E. Piana en el caso de lavado de dinero por exportación de oro, una de las mayores estafas al fisco que se recuerde).

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Fiesta en lo de Virgolini, abogado de los narcos: El actual Director Nacional de Migraciones “Toto” García al micrófono mientras el fiscal Gentili, sonriente, escucha.

En ese entonces, “Toto” García, el actual director de Migraciones, era uno de los secretarios del fiscal Alfredo Gentili, jefe de la famosa Ufidro (acrónimo de la Unidad de Apoyo Fiscal para la Investigación de Delitos Complejos en materia de Drogas y Crimen Organizado, un aguantadero estatal de los servicios de la SIDE creado por el marido de la empresaria hotelera de Santa Cruz). El fiscal Gentili, jefe de García, también era amigo del abogado de los narcos y habitué de sus fiestas de viernes de por medio. Las malas lenguas dicen que García era el rey del karaoke en esas fiestas de empresarios, narcos y fiscales. El fiscal Gentili, luego del pequeño traspiés cuando esta información salió a la luz, sigue haciendo carrera: reemplazó a otro fiscal fiestero famoso: Nisman. Entre las instrucciones de “la Embajada” y las de los Stiuso, la presión de los jefes merqueros y sus socios de gorra azul, los cobros a los medios de prensa y las fiestas, esta gente, como los jueces, debe estar agotada.

Cuando el contrabandista de autos, el 22 de diciembre de 2015, nombró a García en la Dirección Nacional de Migraciones (Decreto201/15), se me ocurrió pensar en la inmensa y blanca alegría de la Narcogendarmería que cuida nuestras fronteras con Bolivia o en la enorme, verde y cogolluda alegría de la Narcoprefectura que cuida nuestras vías navegables con Paraguay.

Colmo, Barracas. Veo esa noticia del Centro de “Retención” como un goce extímico muy milleriano, como un colmo político homologable al que Pasolini daba cuenta en su Saló, en diferente grado, por supuesto, pero en igual naturaleza. Ya lo sabemos por O. Wilde: a veces la realidad imita al arte. Como si fuera una venganza psicoanalítica por lo del Borda, como si fuera una perfecta triquiñuela del significante (de sabor tan lacaniano) la sede del Centro de Retención de Migrantes del fiestero rey del karaoke estará ubicada en el Pasaje Colmo Nº 3860, Barracas.

N. Patricio Reyes C.

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Chop Suey de Lacan

Chop Suey!: La eterna demanda (insatisfecha) al padre imaginario y que termina como tiene que terminar: En el autoaniquilamiento. Nunca un tema fue tan oportunamente profético (Torres gemelas y sus suicidas-inmolados en su desquiciada demanda). A 15 años del mejor álbum (para mí, claro) de los fantásticos System of a Down: “Toxicity”, 2001.

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Publicación original en: blog sociocultural

Los gatos de Lacan

el-gato-negro“El gato negro” de Poe es considerado, con justa razón, una obra maestra del terror sobre todo el terror psicológico y, a estas alturas, es imposible no leerlo con los lentes de M. Bonaparte, es decir no pensarlo sino como el miedo a la castración encarnada en la mujer.

Cuando Derrida entra en ese combate de egos con Lacan a propósito de “La carta robada” de Poe, resalta la omisión del psicoanalista en relación al gato negro y hace algo así como un careo (casi policial, hay que decirlo) del texto del Seminario con el de Bonaparte. “El cartero de la verdad” de Derrida se hizo tan célebre como el Seminario de Lacan al que cuestionaba. Lo cierto es que la carta de Poe se hizo mucho más famosa que su felino. Es un hecho: Todo intelectual que se precie de ser tal se abalanza sobre la carta, pero no así sobre el gato. Una salvedad: Zizek rellena algo -pero no mucho- el hueco dejado por Lacan a propósito del felino de Poe, aunque ello lo hace en relación a otro cuento del estadounidense, “El diablillo de la perversidad”.

Pero esto no me alcanza. Me sabe a poco. Aunque, a decir verdad, otros están peor que el de Poe ¿Qué pasa con el reflexivo gato de Soseki? ¿Y con el felino increíble de Bulgakov en “El maestro y Margarita”? El psicoanálisis tendría tanta tela para cortar con estos dos gatos (de imprescindible lectura) que me parece un desperdicio que anden todavía callejeando por ahí sin ser tratados como corresponde.

Estas reflexiones no son mías sino que me fueron susurradas, ronrroneadas por Kenia quien me pidió que, por favor, las transcribiera. Eso hago.

N. Patricio Reyes C.

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Psico-kitsch

Maneki-neko-ok¿Hay psicoanálisis kitsch? O mejor ¿Hay lecturas kitsch del psicoanálisis? Desde A. Moles sabemos que hay una “Psychologie du Kitsch” pero ¿Al revés? El asunto es complejo. Creo que los neuróticos somos, indefectiblemente, kitsch en nuestra repetición, en nuestra instance, a la manera del gato maneki-neko. Pero del otro lado del mostrador el asunto es un poco más borroso. Y eso se ve en la Academia y en la cultura popular.

Leamos, por ejemplo, las ponencias de algún seminario o congreso de psicoanalistas. Encontraremos infinidad de refritos freudianos, winicottianos, lacanianos, aulignerianos, etc. Como el viejo chiste: “Si copias a uno se llama plagio, si copias a varios se llama investigación”. Y es que uno de los principios fundantes del kitsch es, precisamente, la copia, el refrito. La refritanga conceptual es la fruición, un tanto onanística, de regodearse en cómodos colchones conceptuales sin su necesario anclaje clínico. He aquí la Antígona del Seminario VII. ¿Cuántas veces tendremos que leer refritos del mismo con apariencia de “vean-cómo-descubrí-la-pólvora”?

Es cierto que, a veces, puede haber nuevas luces sobre la Antígona de la Ética. Me ha pasado que para leer Kant con Sade tuve que recurrir, inevitablemente, al siempre pedagógico y lúcido Miller. En la Academia, la frontera entre lo kitsch y el genuino aporte es, a veces, borrosa. Describir y explicar aspectos oscuros de un texto es una cosa. Es un aporte. Refritar conceptos y glosarlos con una pátina de buen verbo, es otra: es kitsch.

El otro frente kitsch no viene de la Academia sino de la llamada “cultura popular” en el sentido americano (no europeo) del término: los media; sobre todo las revistas llamadas “femeninas” (que no feministas) que son, qué duda cabe, un chernobyl cultural en papel brillante. La banalización a través de la página de “tu amigo/a psicoterapeuta” supone un kitsch en escala industrial que, a cambio de la popularización psicoanalítica, bastardea a mansalva sus epistemologías. Algo así como “El beso” de Klimt que, repetido hasta el hartazgo, terminamos detestándolo como ya lo hicimos con los angelotes asomados de Rafael.

Alguien objetará (quizás con razón, solo quizás) mi mirada bizarra y literaria del mundo psi. No importa. Nadie me quitará el placer de escribir desde mi torre Eiffel de baquelita.

N. Patricio Reyes C.

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I. No seré original si digo que Muse debe ser una de las mejores bandas en lo que va de este aún corto siglo. Sin embargo, lo que más me llama la atención es la enorme cantidad de canciones con especial referencia (en títulos y letras) a cuestiones psicoanalíticas. Si su álbum Origin of Symmetry (2001) es, de lejos, lo mejor de su producción, no se quedan atrás The Resistance (2009) o el último Drones (2015), que son los que más me gustan. Los otros, también son buenos pero estos son mejores. En Undisclosed Desires, Dead Inside, Uprising, Space Dementia, Madness, Psycho, Hysteria, y muchos otros títulos encontramos un compendio de claves psicoanalíticas aplicadas, especialmente en la temática de las relaciones amorosas tortuosas y/ o controladoras (incluyendo aquí también lo político).

II. Es bien sabido la vertiente intelectual de Matt Bellamy cuya voz prodigiosa va acompañada de un soberbio esteticismo. Véase sino su sinfonía Exogénesis de The Resistance con influencias de Rachmáninov, Strauss o Chopin. O la relectura del Nocturno de este último en Collateral Damage. Un crítico musical, a propósito de Origin of Symmetry decía: “Es asombroso que una banda tan joven este cargada con una herencia que incluye las visiones más oscuras de Cobain y Kafka, Mahler y The Tiger Lillies, Cronenberg y Schoenberg”.


III. Sin embargo, algo me llama aún más la atención que la vertiente psicoanalítica de Muse: El relativo descuido que sobre la música tuvieron los grandes nombres del psicoanálisis. Bien sabemos de la sordera musical de Freud (que fue explicada por él mismo en el Moisés) pero también de Lacan (quizás un poco menos sordo). La justificación que dio Freud quizás valdría para este último: No pudieron conceptualizar lo musical, como sí lo hicieron con los textos o Freud también con la escultura (aunque no con la pintura). Mi opinión es que ellos son apolíneos por naturaleza, conceptualizadores natos, pero impotentes dionisíacos, nietzscheanamente hablando. Porque la música es, básicamente, dionisíaca. N.M. Cheshire sugiere que lo de la sordera musical de Freud es más un conflicto personal que una deficiencia cognitiva; algo parecido a lo que afirmaba Theodore Reik quien da a entender que la sordera le funcionaba como “mecanismo de defensa”.

IV. La falta de oído de los maestros fue destacada por sus discípulos algunos de los cuales no se quedaron en la congoja sino que se animaron a saltar la vallas apolíneas, sumergirse en lo dionisíaco (los planos sensual y expresivo de los que hablaba Aaron Copland) bailar como se debe y volver, sanos y salvos, a la siempre acogedora casa conceptual. Gracias a ellos podemos degustar un poco mejor no solo una “Muse de Lacan”, sino también pasar de un System of a Down a un Arvo Pärt o a un Morton Feldman sin mayores sobresaltos. Y eso sin dejar a un Bartók o un Xenakis en el camino. Sirva esto como homenaje a nuestro Arnoldo Liberman, pero también al imprescindible François Regnault, a Clément Rosset, a Jan Jagodzinski y su focalización en la “histerización de la escena posmoderna” o el fenómeno del “Fan addict”, Alexandra Harrison y tantos otros que le pusieron audífonos a sus maestros. Desde el arte, más que agradecidos. Desde el mundo psi, creo que también.

N. Patricio Reyes C.

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